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LOS GRUPOS QUE PODRÁN CONSERVAR SU TARJETA DE COORDENADAS TRAS EL «APAGÓN» BANCARIO DE AGOSTO DE 2026

Mientras la industria financiera se encamina hacia la eliminación de los plásticos físicos por seguridad, la normativa ha definido «botes de salvamento» para ciertos usuarios. Adultos mayores y personas con dificultades de acceso tecnológico podrán seguir operando con el sistema tradicional bajo condiciones específicas.

La transformación digital de la banca chilena tiene una fecha límite: el 1 de agosto de 2026. Ese día, la tarjeta de coordenadas dejará de ser el estándar para la mayoría de los chilenos, cediendo su lugar a aplicaciones móviles y claves dinámicas. Sin embargo, consciente de la realidad demográfica del país, la Comisión para el Mercado Financiero (CMF) ha establecido excepciones críticas para evitar la exclusión financiera de miles de personas.

Los grupos exceptuados: ¿Quiénes se quedan con el plástico?

Pese a que el sistema es considerado más vulnerable frente a los estándares modernos, la normativa en consulta permite que ciertos segmentos mantengan su uso para no quedar en «situación de indefensión». Los grupos identificados son:

  • Adultos mayores: Personas para quienes la migración a un entorno 100% móvil representa una barrera de entrada al sistema.
  • Personas con menor acceso a tecnología: Usuarios que no cuentan con dispositivos inteligentes compatibles con las nuevas aplicaciones bancarias.
  • Usuarios sin manejo de aplicaciones: Aquellos que, aun teniendo acceso, no poseen las competencias digitales para operar de forma segura en plataformas móviles.

Es importante destacar que la decisión final de quién califica para estos grupos quedará en manos de cada banco, los cuales deberán definir criterios internos para asignar estas excepciones.

El desafío de la trazabilidad y seguridad

Mantener las tarjetas de coordenadas para estos grupos no será un cheque en blanco para las instituciones financieras. Según el experto en regulación, Andrés Pumarino, los bancos tendrán la obligación de cumplir con estrictas condiciones de trazabilidad y exigencias de ciberseguridad específicas para este público, con el fin de «gobernar» adecuadamente las transferencias y transacciones electrónicas.

En el último año, 830 mil clientes utilizaron este sistema como su único método de autenticación, y casi la mitad de ellos supera los 60 años. Esto implica que las entidades bancarias deberán redoblar esfuerzos para monitorear estas operaciones que no contarán con el «doble factor» de las aplicaciones modernas.

Inclusión vs. Empoderamiento Digital

Desde organizaciones como Conecta Mayor, ven con buenos ojos la prórroga, pero advierten que no debe ser una solución eterna. Sofía Rivas, directora de la entidad, señala que si bien mantener la tarjeta protege al adulto mayor hoy, persiste el desafío de «empoderarlos y sumarlos a una sociedad digitalizada».

Para quienes no pertenecen a estos grupos, el cambio será irreversible a partir de agosto de 2026, debiendo adoptar sistemas como:

  • Be-Pass o Soft Tokens integrados en la App del banco.
  • Claves dinámicas recibidas por medios digitales seguros.
  • Sistemas de verificación en dos pasos.

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