
Bajo un ambiente de profunda devoción y alegría renovada, la comunidad de la Parroquia San Antonio de Padua marcó el inicio de su reconstrucción espiritual con el recibimiento de su nuevo santo patrono. La jornada comenzó con una multitudinaria procesión desde la intersección de Barros Arana con Vicente Zegers, donde cientos de fieles y la Sociedad Religiosa Gitanos de Jesús Nazareno escoltaron la imagen con cantos y oraciones hasta las puertas del templo siniestrado. Allí, en la esquina de Almirante Latorre con 21 de Mayo, la Banda de Guerra de la IV Zona Naval aguardaba para rendir los honores oficiales, dando paso a una solemne Eucaristía que selló este esperado reencuentro.
Durante la celebración, la máxima autoridad eclesiástica, monseñor Isauro Covili, Obispo de la Diócesis de Iquique, enfatizó la importancia de la misión comunitaria, “una iglesia en salida no es un invento del Papa Francisco, es obediencia a esta voluntad de Dios. El discipulado de Jesús se juega en este ir para comunicar una buena noticia transformadora, para que aquellos que no conozcan al Señor hagan experiencia y nuevos relatos en su vida a partir de la luz que Jesús regala en esos procesos de discernimiento”.

En su mensaje a los fieles, el prelado vinculó este recibimiento con el rol espiritual de los parroquianos en la ciudad “el Señor protege, cuida y camina con el discípulo porque el discípulo no va solo. Aquellos en quienes arde el corazón no se pueden quedar quietos porque se mueren, y por eso esta comunidad debe ser un faro de oración, de encuentro y de misión aquí en la ciudad”.
Por su parte, el gestor de la llegada de la imagen Vittorio Canessa, detalló la rapidez con la que se actuó tras la tragedia. “A los dos días del incendio ya estábamos en contacto con el taller. Le contamos a la gente de Italia que esto era porque se quemó la iglesia y ellos, al saber esto, nos dijeron que pondrían al mejor escultor de su taller a hacerla; los resultados son elocuentes de que así fue”.
Asimismo, Vittorio Canessa destacó el valor de esta obra de arte que llega desde los Alpes italianos como un aporte al patrimonio local, “es un regalo para Iquique, porque acudimos a la casa escultórica más prestigiosa del mundo con la convicción de que la ciudad merece lo mejor. Gracias a la tecnología pudimos concretar el contacto. Estamos seguros de que la disfrutarán muchas generaciones”.

Cabe señalar que esta significativa donación de Vittorio fue entregada como un acto de amor y fe para honrar la memoria de su madre, Caterina Canessa, y de la hermana Margarita Odger OFS. Respecto al profundo significado de este hito para el barrio, el gestor de la imagen enfatizó que “es una señal de esperanza para todos nosotros, porque ya tenemos al patrono de regreso en su casa y ahora el siguiente paso es ver levantada nuevamente nuestra iglesia”.




