
El fuerte aumento del precio internacional del petróleo, que ya supera el 30% en pocos días, encendió las alarmas en Chile y obligó al Gobierno a evaluar medidas urgentes para contener el alza de los combustibles, mientras en paralelo se activó un ajuste fiscal que incluye recortes del 3% en todos los ministerios.
El golpe llegó desde fuera. No fue un anuncio político ni una reforma interna. Fue el mercado global. En cuestión de días, el precio del petróleo escaló con una violencia que no se veía en décadas, arrastrando consigo una cadena de consecuencias que hoy golpea directamente a Chile: combustibles al alza, presión fiscal extrema y decisiones que ya comienzan a tensionar el escenario político.
El diagnóstico en La Moneda es crudo. Y urgente.
El ministro de Hacienda, Jorge Quiroz, lo resumió sin rodeos: el país enfrenta una situación de caja “muy compleja, muy anormal”.
Un shock externo que enciende todas las alarmas
El detonante es internacional. En apenas una semana, el precio del petróleo registró un alza cercana al 37%, impulsada por la inestabilidad en Medio Oriente, el mayor salto desde 1985.
Para una economía abierta como la chilena, altamente dependiente de la importación de combustibles, el impacto es inmediato.
“Chile no está ajeno a estos cambios”, advirtió Quiroz, tras encabezar una reunión de emergencia con Energía, ENAP y la Dipres.
La ecuación es simple, pero brutal: si el petróleo sube, los combustibles en Chile también.
Y esta vez, el margen de maniobra es mínimo.
MEPCO: el salvavidas que ya no alcanza
Durante años, el Mecanismo de Estabilización de Precios de los Combustibles (Mepco) ha funcionado como amortiguador. No evita las alzas, pero las ralentiza.
Hoy, ese sistema está bajo presión.
Según el propio ministro, mantenerlo operativo cuesta más de 50 millones de dólares por semana.
Una cifra que, en el actual escenario fiscal, se vuelve difícil de sostener.
“El Mepco no elimina las alzas… solo las retarda”, explicó Quiroz.
Y en el Congreso, la inquietud crece. Desde la oposición ya advierten que el mecanismo podría ser modificado —o incluso eliminado— si el costo fiscal sigue escalando.
El ajuste: el Estado entra en modo austeridad
Mientras el precio del petróleo presiona desde fuera, el Gobierno ajusta desde dentro.
La respuesta fue inmediata: un recorte transversal del gasto público.
El ministro firmó un oficio que ordena a todos los ministerios reducir sus presupuestos en un 3%, medida que forma parte de un plan mayor que apunta a recortar hasta US$4.000 millones.
“Lo primero que tenemos que hacer es reaccionar”, afirmó Quiroz.
Pero no es solo un recorte. Es una señal.
El Ejecutivo busca contener un desequilibrio fiscal que ya se considera estructural y que, según cifras oficiales, dejó al Estado con apenas US$40 millones en caja al cierre de 2025.
Un nivel que expertos califican como crítico.
Gasolina en alza: una tendencia inevitable
El impacto más visible —y políticamente sensible— será el precio de los combustibles.
El propio ministro fue claro:
“La bencina tendría que subir… esa subida va a ocurrir igual”.
Incluso con mecanismos de contención vigentes, el alza es considerada inevitable si el petróleo mantiene su tendencia.
El único respiro parcial: la parafina, cuyo precio podría mantenerse contenido por razones sociales.
Pero el resto del mercado no corre la misma suerte.
El dilema: subsidiar o ajustar
El Gobierno enfrenta una decisión compleja:
- Sostener el Mepco implica un gasto fiscal millonario en un momento de escasez.
- Reducirlo o eliminarlo trasladaría el impacto directamente a los consumidores.
En paralelo, Hacienda ya convocó a una comisión de expertos para diseñar una salida técnica.
“Vamos a llegar con una solución… con la mayor prontitud”, aseguró Quiroz.
Pero el tiempo corre.
Un escenario en tensión: economía, política y bolsillo
Lo que está en juego no es solo el precio de la bencina.
Es un triángulo delicado:
- Inflación, que podría reactivarse.
- Crecimiento, que depende de costos energéticos.
- Estabilidad política, presionada por decisiones impopulares.
Chile, una de las economías más estables de América Latina, entra así en una fase de incertidumbre donde factores globales y decisiones internas chocan en tiempo real.
El punto de quiebre
La pregunta ya no es si subirán los combustibles.
La pregunta es cuánto, cuándo… y quién pagará la cuenta.
Mientras el petróleo sigue escalando en los mercados internacionales, en Santiago el margen de error se estrecha.
Y cada decisión —recortar, subsidiar o ajustar— tiene un costo.
Económico.
Político.
Y, sobre todo, ciudadano.







