
A más de una década de su inauguración, la imponente escultura de 22 metros, concebida como un ícono de fe y turismo, hoy sobrevive rodeada de basura, botellas de alcohol y una nula proyección municipal que incluso evalúa su reubicación.
Lo que debió ser el epicentro del turismo religioso en la Región de Tarapacá se ha transformado en un triste monumento a la negligencia. La Virgen del Carmen de Punta Gruesa, una obra monumental de 12 toneladas erigida en 2012 bajo la administración de la exalcaldesa Myrta Dubost, enfrenta hoy su momento más crítico: un notable abandono que empaña su valor espiritual y cultural.
Un escenario de suciedad y falta de respeto
Durante un recorrido por el sector, se pudo constatar que el entorno de la «Patrona de Chile» está lejos de ser el espacio de recogimiento que los fieles esperan. La realidad es alarmante:
- Falta de aseo: Los escasos basureros a un costado de la estructura están colapsados y la basura parece no haber sido retirada en semanas.
- Focos de insalubridad: La base del monumento presenta rayados, mientras que en los alrededores abundan botellas de alcohol, suciedad general y fecas de animales.
- Entorno árido y descuidado: Existen escasas áreas verdes en el lugar y la poca vegetación presente se encuentra totalmente seca.
- Infraestructura en penumbras: Informes previos señalan una falta de iluminación adecuada en las inmediaciones durante la noche, lo que convierte la zona en un espacio potencialmente peligroso.




Un monumento «mudo»: Sin historia para el visitante
A la falta de mantenimiento se suma una grave carencia de información para el turista o peregrino. Actualmente, no existe ninguna placa informativa o panel que indique la historia de la Virgen. Quienes llegan al lugar no encuentran datos básicos como el año de su instalación (2012), su origen (obra de artesanos peruanos liderados por Fredy Luque) o el significado de este hito para la región. Esta ausencia de señalética educativa impide que el visitante comprenda la magnitud y el propósito de la estructura que está observando.
Acceso precario y falta de señalética
Llegar al monumento representa un desafío adicional. El acceso no cuenta con las mejores condiciones, ya que para entrar apenas existe un camino de tierra carente de demarcaciones suficientes. Asimismo, se evidencia una falta de señaléticas viales que guíen de manera clara a los conductores hacia este punto desde la ruta principal.
¿Venganza política o falta de visión?
El proyecto original buscaba impulsar un circuito cultural con museos y áreas recreativas. Sin embargo, el actual alcalde de Iquique, Mauricio Soria, ha evitado referirse al deterioro del lugar, limitándose a decir que tiene su propia opinión y remitiendo a declaraciones oficiales.
Expertos y ciudadanos sugieren que la falta de impulso podría estar ligada a rencillas políticas, dado que la obra fue construida por una histórica adversaria de la familia Soria. Mientras tanto, el gobernador José Miguel Carvajal reveló en septiembre de 2024 que el municipio había rechazado propuestas del Gobierno Regional para hacerse cargo del sector, e incluso deslizó que el alcalde tendría planes de reubicar la imagen.
El llamado de la Iglesia y la Comunidad
Asimismo, durante ese tiempo, el párroco Javier Sáez había lamentado que la participación masiva se haya perdido por la falta de eventos y, sobre todo, por la carencia de transporte público que acercara a los iquiqueños al lugar. «El deseo es que ese lugar tan hermoso se pudiese acercar más a la gente», señalaba la autoridad eclesiástica en ese entonces.
Asimismo, durante ese tiempo, el párroco Javier Sáez había lamentado que la participación masiva se haya perdido por la falta de eventos y, sobre todo, por la carencia de transporte público que acercara a los iquiqueños al lugar. «El deseo es que ese lugar tan hermoso se pudiese acercar más a la gente», señalaba la autoridad eclesiástica en ese entonces.
Si bien se hablaba durante un largo tiempo atrás de integrar el turismo religioso en un «futuro cercano», los tarapaqueños ahora observan cómo este punto de encuentro —que costó años erigir— se desvanece entre la penumbra y la basura.







