
Tras un 2025 histórico con exportaciones récord de US$107 mil millones, la industria del cobre enfrenta un año de definiciones críticas. Desde la modernización de permisos hasta la seguridad en el norte, estas son las claves para que el principal motor del país no pierda competitividad en la transición energética global.
La minería chilena se encuentra en un punto de no retorno este 2026. Consolidada como la columna vertebral de la economía nacional —con exportaciones de cobre que alcanzaron los US$55.188 millones el año pasado—, el desafío ha dejado de ser únicamente productivo para volverse estructural y social.
Para Mario Saavedra, director de la Cámara Chilena-Sudafricana, el éxito del sector ya no puede medirse solo en toneladas. «Debe ser un motor de cohesión social y progreso», afirma. Bajo esta mirada, se han identificado cinco áreas críticas que marcarán la hoja de ruta de la industria durante el presente año:
1. Certeza regulatoria: El fin de la «permisología»
La competitividad del cobre chileno está en juego frente a nuevos actores globales. El gran reto de 2026 es modernizar el sistema de permisos ambientales y sectoriales. La industria exige procesos eficientes y plazos previsibles que permitan destrabar una cartera de proyectos millonaria sin sacrificar los estándares socioambientales.
2. Seguridad y control en el Norte Grande
La seguridad en las zonas productivas, especialmente en Tarapacá, Antofagasta y Atacama, se ha vuelto una prioridad. El robo de minerales y la presencia de operaciones informales han encendido las alarmas. Este año será vital una estrategia coordinada entre el Estado y las empresas para proteger la infraestructura crítica y garantizar la paz social en los territorios mineros.
3. Licencia social: De la teoría a la práctica
La viabilidad de los proyectos hoy depende de las comunidades. La licencia social es ahora una condición obligatoria que exige:
- Diálogo temprano y transparencia total.
- Beneficios tangibles en infraestructura y servicios públicos locales.
- Gestión responsable de los impactos ambientales para reducir la conflictividad.
4. Renta minera para el desarrollo regional
Para que la minería deje huella más allá de los ciclos de precios, 2026 debe ser el año de la inversión territorial. El foco está puesto en fortalecer a los proveedores locales y fomentar la innovación tecnológica en las regiones mineras, asegurando que la riqueza del subsuelo se traduzca en economías regionales resilientes y autónomas.
5. Talento e Inteligencia Artificial
La minería del siglo XXI es digital. Chile avanza hacia la automatización y la operación remota, lo que requiere un nuevo perfil de trabajador. El norte del país tiene la oportunidad de transformarse en un polo de formación de talento avanzado, articulando a la academia con la industria para liderar la implementación de IA y procesos autónomos en la extracción.







