
El caso que estremece al norte de Chile: un joven de Alto Hospicio figura entre los dos chilenos asesinados en Bolivia, encontrados calcinados y con signos de tortura en Challapata. Cancillería activó protocolos mientras la investigación sigue abierta y sin detenidos.
El crimen cruzó la frontera y golpeó directo al norte de Chile. Uno de los dos chilenos encontrados muertos en Challapata, en el departamento de Oruro, era un joven de 21 años con domicilio en Alto Hospicio, cuyo cuerpo fue hallado torturado, maniatado y completamente calcinado, en un hecho de extrema violencia que hoy es investigado por la Fiscalía boliviana como un asesinato con características de ejecución.
Se trata de Bruno Antonio Soto Marín, chileno, soltero, sin profesión registrada, nacido el 16 de junio de 2004, con domicilio en la comuna de Alto Hospicio, Región de Tarapacá. Su nombre aparece entre los primeros antecedentes levantados por las policías, mientras peritajes forenses buscan confirmar oficialmente su identidad debido al estado en que fue encontrado su cuerpo.

Un viaje que terminó en una escena de horror
El hallazgo ocurrió en un sector despoblado conocido como “México Chico”, en las afueras de Challapata, una localidad situada a más de 3.700 metros de altura, en plena ruta que conecta Oruro con Potosí. Allí, efectivos policiales encontraron un vehículo completamente quemado y, en su interior y alrededores, dos cuerpos calcinados, con evidentes señales de violencia previa.
Según la Fiscalía de Oruro, ambos hombres habrían sido reducidos, amarrados y sometidos a golpes antes de ser asesinados, para luego ser incendiados junto al automóvil, en un intento por borrar evidencias. El nivel de brutalidad llevó al Ministerio Público boliviano a abrir una causa por asesinato, la figura penal más grave en ese país.

El joven de Alto Hospicio
La confirmación preliminar de que uno de los fallecidos era residente de Alto Hospicio generó conmoción inmediata en Tarapacá. Bruno Soto Marín tenía 21 años, nacionalidad chilena y no registraba profesión informada. Su corta edad y el contexto del crimen han marcado el caso como uno de los hechos más violentos que involucran a ciudadanos chilenos en Bolivia en los últimos años.
Debido al estado de los restos, las autoridades trabajan con peritajes de ADN, huellas y registros migratorios, mientras Cancillería chilena mantiene contacto con los familiares, quienes han sido informados y acompañados durante el proceso.
El segundo chileno: desde la Región Metropolitana
La segunda víctima corresponde a otro ciudadano chileno, oriundo de la Región Metropolitana, cuya identidad aún no ha sido oficialmente confirmada por las autoridades bolivianas. Ambos habrían ingresado juntos al país, aunque el motivo del viaje, sus actividades previas y los últimos contactos que sostuvieron siguen bajo investigación.
La Fiscalía trabaja para reconstruir las horas previas al crimen, incluyendo posibles reuniones, desplazamientos y vínculos que puedan explicar por qué los jóvenes terminaron en ese sector rural de Challapata.

Hipótesis: ajuste de cuentas
Aunque ninguna línea investigativa ha sido descartada, la principal hipótesis que maneja el Ministerio Público boliviano es la de un ajuste de cuentas, dada la forma en que se ejecutó el crimen. Sin embargo, hasta ahora no se ha confirmado la participación de terceros detenidos, ni se ha establecido públicamente el móvil exacto del asesinato.
La Policía boliviana realiza pericias en el sitio del suceso, análisis del vehículo calcinado y levantamiento de cámaras y registros en rutas cercanas, mientras se coordinan diligencias con autoridades chilenas.
Gestiones diplomáticas y conmoción regional
El Ministerio de Relaciones Exteriores de Chile activó protocolos consulares desde el primer momento, solicitando a Bolivia celeridad y transparencia en la investigación, además de apoyo a las familias de las víctimas.
En Alto Hospicio, el impacto es profundo. Un joven de 21 años, con domicilio conocido, terminó sus días de la forma más brutal posible, lejos de su país y en circunstancias que aún no logran explicación.
Un caso abierto y preguntas sin respuesta
¿Qué hacían en Challapata?
¿Con quién se reunieron?
¿Quiénes los llevaron hasta “México Chico”?
¿Quién ordenó y ejecutó el crimen?
Mientras las investigaciones avanzan, el caso sigue abierto, marcado por la violencia extrema, el silencio de los involucrados y el dolor de dos familias chilenas, una de ellas en pleno corazón de Alto Hospicio, que hoy espera respuestas desde el altiplano boliviano.







