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VENEZUELA SIN MADURO: DELCY RODRÍGUEZ JURA COMO PRESIDENTA ENCARGADA EN MEDIO DE UNA CRISIS HISTÓRICA

La vicepresidenta ejecutiva asumió el mando del país tras la captura de Nicolás Maduro por fuerzas estadounidenses, en un hecho sin precedentes que abre un período de alta tensión política, institucional y diplomática en Venezuela.

Asumo con solemnidad y compromiso la responsabilidad que me otorga la Constitución Bolivariana de Venezuela.” No fue un discurso más. Fue la declaración de una mujer que, sin elecciones populares, sin campaña y sin margen de maniobra, se encontró de repente al mando de un país fracturado y bajo los ojos de un mundo expectante.

En medio de lo que —para muchos analistas— es la crisis institucional más profunda de la historia reciente venezolana, y tras la captura de Nicolás Maduro por parte de fuerzas estadounidenses, la vicepresidenta ejecutiva Delcy Eloína Rodríguez Gómez juró como presidenta encargada de Venezuela. La noticia se propagó como un terremoto político, con Colombia, Brasil y México observando de cerca y con potencias globales midiendo cada palabra.

Pero, ¿cómo y por qué llegó Rodríguez a este puesto? ¿Qué implica para Venezuela y para la región? Aquí te entregamos la historia completa.

De vicepresidenta a presidenta encargada: un salto abrupto y único

Era la madrugada del 3 de enero de 2026 cuando Venezuela amaneció con el ruido seco de helicópteros y el impacto de una operación militar coordenada en Caracas: Nicolás Maduro, presidente constitucional según su propio gobierno, fue capturado por fuerzas especiales de Estados Unidos en un operativo que dejó al mundo con la respiración contenida. Su esposa, Cilia Flores, también fue detenida. Ambos fueron trasladados a Nueva York para enfrentar cargos por narcoterrorismo y narcotráfico en un tribunal federal estadounidense, según informaron agencias internacionales.

La Constitución venezolana contempla quién debe asumir “en caso de ausencia temporal o absoluta del presidente”, pero nunca en un escenario como éste: una detención en territorio nacional por una potencia extranjera.

Fue entonces que el Tribunal Supremo de Justicia (TSJ), mayoría chavista, declaró la “ausencia forzosa” de Maduro y ordenó que su designada vicepresidenta ejecutiva, Delcy Rodríguez, asumiera el cargo de presidenta encargada de la República Bolivariana de Venezuela por un período inicial de 90 días, prorrogable según la Asamblea Nacional.

Rodríguez, de 56 años, dirigente histórica del chavismo, no llegó al poder por voto popular. Asumió —legalmente, según sus partidarios— por continuidad institucional. Para sus detractores, lo hizo en un contexto de vulneración de soberanía y presión externa.

Un discurso de desafío y promesa

El acto de juramentación no fue al estilo de un festín presidencial, sino más bien un llamado a la unidad en tiempos convulsos. En su primer mensaje como presidenta encargada, Rodríguez afirmó que su objetivo es preservar la estabilidad del país, defender la soberanía y velar por los derechos de los venezolanos “en todas las circunstancias”.

Su tono fue deliberadamente conciliador hacia actores internacionales, incluso hacia Estados Unidos, palabra que mencionó varias veces: “Hacemos un llamado al respeto mutuo y a la cooperación”, dijo, marcando una diferencia con la retórica tradicional del chavismo.

Pero también mezcló esa invitación con una defensa firme del legado político que identifica al oficialismo venezolano: rechazar lo que calificó de “acto de agresión” contra Maduro, sin negar su lealtad histórica al proyecto bolivariano.

¿Qué representa Delcy Rodríguez políticamente?

Rodríguez ha sido una figura clave en los gobiernos de Hugo Chávez y de Nicolás Maduro:

  • Ex vicepresidenta ejecutiva
  • Ex ministra de Relaciones Exteriores
  • Ex ministra de Comunicación e Información
  • Líder indiscutida dentro de las filas del chavismo más duro

Su papel siempre fue el de operadora estratégica del poder, capaz de articular discursos y sostener alianzas internas. Pero nunca antes había estado oficialmente en la posición más alta del Ejecutivo.

Para algunos analistas latinoamericanos, su ascenso marca la sobrevivencia temporal del chavismo institucional, aunque bajo condiciones extremas. Para otros, es un intento por mantener un sentido de continuidad mientras el país enfrenta un terremoto político cuyo epicentro fue la captura de Maduro.

El escenario dentro de Venezuela: división, tensión y sociedad expectante

Mientras Rodríguez tomaba juramento, en las calles de Caracas y otras ciudades venezolanas la reacción fue variada:

  • Seguidores chavistas salieron a respaldar a la nueva mandataria con banderas y consignas, celebrando la “continuidad de la revolución”.
  • Sectores opositores calificaron la juramentación de Rodríguez como una “jugada interna para sostener un poder cuestionado”, invitando en redes sociales y plazas a protestas pacíficas.
  • Ciudadanos comunes, sin adscripción política clara, miran con incertidumbre: preocupa la economía, la seguridad, la migración y el acceso a servicios básicos que ya eran desafíos antes de esta crisis.

El telón de fondo es un país que ha sufrido una de las migraciones más grandes de la región, con millones de venezolanos viviendo fuera de sus fronteras y muchos más planeando dejar el país ante la inestabilidad.

Reacciones internacionales: entre cautela y convulsión diplomática

El impacto de la captura de Maduro y la asunción de Delcy Rodríguez trascendió Caracas. Desde Washington hasta Bruselas, pasando por Bogotá y Ciudad de México, las cancillerías emitieron comunicados que oscilan entre la preocupación por el respeto a la soberanía y el llamado a un proceso democrático inmediato.

Estados Unidos, en particular, emitió una advertencia clara: si Rodríguez actúa de manera contraria a lo que consideran una transición ordenada y legítima, las consecuencias diplomáticas y económicas podrían intensificarse. Esto fue interpretado por algunos como una “amenaza silenciosa” a la nueva administración venezolana.

Organismos como la Unión Europea han subrayado la necesidad de un camino constitucional que respete derechos humanos y libertades fundamentales, mientras que países de la región han llamado a evitar escaladas que puedan aumentar las tensiones en un hemisferio ya marcado por polarizaciones recientes.

El dilema político de Rodríguez: legitimidad y liderazgo en tiempos inciertos

Assumir la Presidencia encargada no es solo ocupar un cargo. Es enfrentar interrogantes inmediatos:

  • ¿Podrá Rodríguez consolidar un gobierno que sea aceptado dentro y fuera de Venezuela?
  • ¿Qué rol jugarán las fuerzas armadas venezolanas, aliadas históricas del chavismo, en este nuevo capítulo?
  • ¿Hasta qué punto tendrá margen para reconfigurar relaciones internacionales sin ser percibida como subordinada a presiones externas?

Las respuestas aún no existen. Lo único cierto es que Venezuela se encuentra en una encrucijada histórica, y que Delcy Rodríguez —quien hasta hace días era vicepresidenta con un perfil técnico y político, pero no hegemónico— hoy encarna un liderazgo inesperado y complejo.

Una presidenta encargada, un país en juego

Si la historia contemporánea venezolana había estado definida por figuras carismáticas, consagradas por elecciones o asambleas, este momento marca un punto de inflexión profundo: una líder que asume no por urnas, sino por un vacío repentino del poder.

La legitimidad de Delcy Rodríguez está en construcción, y su éxito o fracaso podría definir no solo el futuro político de Venezuela, sino también la manera en que América Latina enfrenta crisis de Estado, soberanía y transición en una era de desafíos globales.

Porque en Venezuela hoy no solo se disputa el poder. Se disputa la historia misma.

Belén Pavez G., Periodista y Locutora. Licenciada en Comunicación Social. Productora general y Directora de prensa en Vilas Radio. Música y Cat lover.

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