
La diputada por Tarapacá, Ximena Naranjo (IND-UDI), solicitó reactivar en la Cámara de Diputadas y Diputados de Chile un proyecto de ley que establece mecanismos biométricos alternativos cuando la huella digital no pueda ser validada, iniciativa que busca evitar que adultos mayores y personas con discapacidad queden excluidos de trámites y beneficios al no poder verificar su identidad en sistemas digitales.
En silencio, frente a un lector digital que no reconoce sus manos, miles de personas mayores viven cada día una escena que parece absurda: presentan su carnet de identidad, confirman su nombre, entregan sus datos… y aun así el sistema les dice “identidad no válida”.
La razón es tan simple como cruel: sus huellas dactilares ya no funcionan.
Esa realidad —cada vez más frecuente en un país que envejece aceleradamente— llevó a la diputada por Tarapacá, Ximena Naranjo (IND-UDI), a levantar una fuerte advertencia política: existe un proyecto de ley destinado a resolver este problema, pero hoy permanece paralizado en el Congreso.
La iniciativa, presentada durante la legislatura anterior en la Cámara de Diputadas y Diputados de Chile, busca implementar mecanismos biométricos alternativos cuando las huellas digitales no puedan ser verificadas por los sistemas actuales.
Para la parlamentaria, el problema ya dejó de ser anecdótico.
Se ha transformado —dice— en una barrera tecnológica que afecta a miles de ciudadanos.
La trampa invisible de la tecnología
El escenario ocurre a diario en bancos, notarías, hospitales, oficinas públicas y servicios digitales.
Una persona mayor intenta validar su identidad usando su huella digital, el sistema falla una y otra vez, y el trámite simplemente no se puede completar.
El fenómeno tiene una explicación médica.
Con el paso de los años, la piel pierde elasticidad y definición, lo que provoca que las líneas de las huellas dactilares se vuelvan menos visibles para los lectores biométricos.
A eso se suman enfermedades dermatológicas, tratamientos médicos o condiciones de discapacidad que también alteran las marcas naturales de la piel.
El resultado: el principal mecanismo de verificación de identidad del país deja de funcionar para un número creciente de personas.
“Estamos frente a una barrera invisible, pero profundamente excluyente”, advirtió la diputada Ximena Naranjo.
“Muchas personas llegan con su cédula de identidad a realizar un trámite y no pueden completarlo porque los sistemas biométricos simplemente no reconocen sus huellas”.
Un país que envejece… y sistemas que no se adaptan
El debate ocurre en un contexto demográfico evidente.
Chile atraviesa un proceso acelerado de envejecimiento poblacional.
Actualmente más del 19% de la población supera los 60 años, y las proyecciones indican que en las próximas décadas esa cifra seguirá creciendo de manera sostenida.
Para Naranjo, esa realidad obliga al Estado a modernizar los mecanismos de identificación digital.
El proyecto que impulsa propone crear un protocolo nacional de inclusión biométrica, que obligue a instituciones públicas y privadas a disponer de al menos dos métodos alternativos de verificación de identidad cuando la huella digital no pueda ser validada.
Entre las tecnologías consideradas se incluyen:
- reconocimiento facial
- verificación por iris
- identificación por voz
- autenticación digital segura
Estos sistemas podrían utilizarse tanto en atención presencial como en plataformas digitales.
El proyecto que quedó detenido en el Congreso
La iniciativa fue presentada en la legislatura anterior, pero desde entonces no ha avanzado en su tramitación parlamentaria.
Según la diputada, el proyecto literalmente “duerme el sueño de los justos” en el Congreso.
Por ello solicitó reactivar su discusión y otorgarle prioridad legislativa.
“No se trata de eliminar la huella digital”, explicó Naranjo.
“Se trata de garantizar alternativas. El Estado debe avanzar en tecnología, pero siempre poniendo a las personas en el centro”.
Apoyo desde el mundo de la discapacidad
El debate también ha sido respaldado por organizaciones de la sociedad civil.
Desde la Fundación Chilena para la Discapacidad, su presidente Matías Poblete ha advertido que el actual sistema biométrico puede transformarse en una nueva forma de exclusión.
La organización ha planteado que los sistemas de identificación deben evolucionar hacia modelos más inclusivos, que permitan a las personas mantener autonomía para realizar trámites y ejercer derechos.
Además, subrayan la importancia de garantizar seguridad en el manejo de los datos personales, especialmente cuando se incorporan tecnologías biométricas avanzadas.
Trámites bloqueados, beneficios perdidos
Las consecuencias del problema no son menores.
Cuando la validación biométrica falla, las personas pueden quedar impedidas de:
- cobrar pensiones
- realizar trámites bancarios
- firmar documentos notariales
- validar su identidad en hospitales
- acceder a beneficios sociales
Para miles de adultos mayores, esa situación puede significar quedar literalmente fuera del sistema.
“El progreso no puede excluir”
Para la diputada Ximena Naranjo, el problema revela una paradoja del avance tecnológico.
Mientras los sistemas digitales se vuelven cada vez más sofisticados, también pueden generar nuevas formas de exclusión.
“El progreso tecnológico no puede transformarse en una nueva barrera”, afirmó la parlamentaria.
“Este proyecto busca garantizar dignidad, accesibilidad universal y el pleno ejercicio de derechos para todos”.
El desafío que viene
Si el proyecto logra reactivarse en el Congreso, Chile podría avanzar hacia un sistema de identificación más flexible y moderno.
Uno que reconozca que no todos los cuerpos responden igual a la tecnología.
Porque para miles de personas mayores, la escena frente al lector biométrico se repite día tras día.
Una máquina que intenta leer una huella que el tiempo ya borró.
Y un país que ahora debe decidir si adapta su tecnología… o deja a esas personas atrás.







