
La Piscina El Boro inició un nuevo ciclo de talleres municipales de natación infantil y juvenil, reuniendo a cerca de 200 niños y jóvenes de entre 7 y 17 años, quienes durante el verano aprenden a nadar de forma segura, gratuita y guiada por profesionales.
El sol cae fuerte sobre El Boro, pero dentro de la piscina municipal el ambiente es distinto. Risas que rebotan en el agua, brazadas torpes que poco a poco ganan confianza y miradas atentas que siguen cada indicación del instructor. Así comenzó el verano para cerca de 200 niños y jóvenes que hoy transforman este recinto en mucho más que un lugar para refrescarse: lo han convertido en una verdadera escuela acuática.
Con una alta convocatoria y un entusiasmo que se siente desde el primer día, la Piscina El Boro dio inicio a un nuevo ciclo de talleres municipales de natación infantil y juvenil, una iniciativa impulsada por el alcalde Patricio Ferreira junto al Concejo Municipal, pensada para ofrecer a los menores un espacio seguro, educativo y recreativo durante la temporada estival.
Los cursos, completamente gratuitos, están dirigidos a niños y jóvenes entre los 7 y 17 años, quienes fueron distribuidos en niveles de iniciación, formativo, intermedio y avanzado. El objetivo es claro: que cada participante aprenda a nadar de manera progresiva, pierda el temor al agua y adquiera habilidades que no solo fomenten el deporte, sino también la seguridad y el autocuidado.

Aprender jugando, avanzar con confianza
A cargo del programa está el profesor de Educación Física, Cristian Díaz, quien junto al equipo de natación municipal guía cada sesión con paciencia y dedicación. Según explicó, el compromiso demostrado por los alumnos ha superado las expectativas.
“Se nota el entusiasmo desde el primer momento. Hay niños que llegan con miedo al agua y en pocos días ya flotan, se desplazan y sonríen. Otros vienen con experiencia y ahora están perfeccionando técnicas, especialmente el braceo y la respiración”, comentó el docente, destacando que la experiencia busca ser formativa, pero también entretenida y significativa.
El taller no solo apunta a enseñar estilos de nado. También promueve valores como la disciplina, el compañerismo y la confianza personal, elementos clave en el desarrollo integral de niños y jóvenes.
Alta demanda y listas de espera
El éxito del programa quedó demostrado rápidamente. Las matrículas se completaron en corto tiempo y actualmente existen listas de espera, lo que refleja el interés de la comunidad por este tipo de iniciativas deportivas y recreativas.
Desde la organización no descartan ampliar los cupos en futuras etapas, entendiendo que la natación no solo es un deporte, sino una herramienta fundamental para la seguridad, especialmente en una zona donde playas y piscinas forman parte del paisaje cotidiano del verano.
Piscina abierta a la comunidad
La actividad en la Piscina El Boro no se detiene con los talleres infantiles. En paralelo, durante las mañanas de martes a viernes, se desarrolla un taller de hidromasaje dirigido a adultos, enfocado en el bienestar físico y la relajación.
Además, el recinto mantiene un uso comunitario controlado, permitiendo el acceso a juntas de vecinos, clubes deportivos y diversas organizaciones sociales. Estos grupos pueden utilizar la piscina de martes a viernes entre las 14:00 y las 17:00 horas, mientras que los fines de semana el recinto abre sus puertas al público desde las 10:30 hasta las 17:00 horas.

Voces que celebran la iniciativa
Entre los alumnos, la satisfacción es evidente. Ignacia García, vecina del sector El Boro, participa nuevamente en los talleres y no oculta su alegría por continuar en el nivel avanzado.
“Es una muy buena oportunidad para seguir aprendiendo, mejorar lo que ya sabemos y compartir con amigos. Los profesores te cuidan, te dan confianza y te ayudan a perder el miedo al agua. Eso sirve mucho, sobre todo cuando vas a la playa”, señaló.
Para las familias, el impacto va más allá del deporte. Giancarlo García, padre de Ignacia, valoró la iniciativa como una alternativa saludable frente al exceso de pantallas y el encierro.
“Es un espacio seguro, bien organizado y muy positivo. Motiva a los niños a salir de la casa, a moverse, a compartir con otros. Como familia estamos muy contentos de que se realicen estos talleres, porque aportan a la formación y a la salud de nuestros hijos”, afirmó.
Un espacio que une, educa y cuida
Mientras el verano avanza, la Piscina El Boro sigue recibiendo risas, esfuerzo y sueños flotando sobre el agua. Más que un taller, se ha convertido en un punto de encuentro donde aprender a nadar también significa crecer, compartir y construir comunidad, demostrando que el deporte, cuando es bien gestionado, puede cambiar la rutina y marcar positivamente la vida de cientos de niños y jóvenes.







