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TRINIDAD STEINERT: LA MUJER QUE PERSIGUIÓ EL CRIMEN DESDE EL TERRENO Y AHORA ESTÁ LLAMADA A DISEÑAR LA SEGURIDAD DE CHILE

Durante años caminó por pasillos judiciales donde el miedo no siempre se nombra, pero se siente. Escuchó testimonios que no llegan a los titulares, firmó decisiones que cambiaron destinos y enfrentó estructuras criminales que no admiten errores. Hoy, Trinidad Steinert deja atrás la toga de fiscal para asumir el desafío más grande de su carrera: pensar, desde el Estado, cómo se protege un país.

No es una figura construida para la política. Trinidad Steinert no viene del aplauso fácil ni de la consigna. Su nombre comenzó a sonar con fuerza no en campañas, sino en causas complejas, regiones tensionadas y expedientes de alto riesgo. La ahora exfiscal regional de Tarapacá fue nominada como futura ministra de Seguridad Pública del gobierno entrante de José Antonio Kast, en una decisión que privilegia trayectoria técnica, experiencia real y conocimiento profundo del fenómeno criminal.

Para entender por qué su nombre emerge en uno de los momentos más sensibles del debate público, hay que retroceder varios años, antes de los cargos, antes de los focos, cuando el trabajo consistía en resolver conflictos concretos y enfrentar delitos sin red política.

Una formación marcada por el rigor, no por la improvisación

Steinert es abogada, con especialización en Derecho Penal y Procesal Penal, una elección que marcó el eje de toda su vida profesional. Su formación no se limitó a las aulas: desde temprano combinó teoría con práctica, entendiendo el derecho como una herramienta viva, expuesta a tensiones reales.

Antes de ingresar al Ministerio Público, trabajó en la Corporación de Asistencia Judicial, donde tuvo contacto directo con personas que enfrentaban el sistema judicial desde la vulnerabilidad. Ese período, poco visible pero decisivo, consolidó una mirada que luego se repetiría en su carrera: la justicia no es abstracta, tiene consecuencias concretas en la vida de las personas.

El Ministerio Público: la escuela del conflicto real

Cuando ingresó al Ministerio Público, Steinert lo hizo para quedarse. Se desempeñó como fiscal adjunta en investigaciones de delitos violentos y criminalidad compleja, en escenarios donde la presión no era mediática, sino cotidiana.

No fue una carrera meteórica, sino una progresión constante, basada en resultados, liderazgo interno y capacidad para conducir equipos bajo tensión. Con el tiempo, asumió jefaturas y responsabilidades mayores, hasta llegar al norte del país, una de las zonas más desafiantes para el sistema penal chileno.

Tarapacá: el punto de inflexión

Ser fiscal regional de Tarapacá no es un cargo neutro. Es operar en un territorio marcado por narcotráfico, crimen organizado transnacional, tráfico de migrantes y economías ilícitas de alto impacto. Allí, Steinert consolidó su perfil público.

Bajo su conducción se desarrollaron investigaciones emblemáticas, con condenas a integrantes de organizaciones criminales internacionales y causas que involucraron incluso a exfuncionarios uniformados vinculados al tráfico de drogas. En un contexto donde el delito busca infiltrarse en instituciones, su línea fue clara: tolerancia cero, incluso cuando el costo político o personal es alto.

Ese periodo no solo dejó cifras y sentencias. Dejó una reputación: la de una fiscal que no elude los temas incómodos y que entiende la seguridad como una responsabilidad integral del Estado.

Una voz incómoda, pero necesaria

Steinert no construyó su liderazgo desde el silencio complaciente. Desde Tarapacá, fue una de las voces que advirtió tempranamente sobre el avance del crimen organizado, la necesidad de coordinación interinstitucional y la urgencia de respuestas estructurales.

Sus intervenciones públicas nunca buscaron protagonismo, pero sí claridad. Habló de debilidades del sistema, de brechas, de riesgos reales. Ese tono —directo, técnico y sin eufemismos— la posicionó como una referencia en el debate sobre seguridad, incluso fuera de los círculos judiciales.

Docencia y liderazgo: formar mientras se combate

Paralelamente a su rol operativo, Steinert ha ejercido como docente en Derecho Penal y Procesal Penal, convencida de que la seguridad también se construye formando profesionales mejor preparados.

Su liderazgo gremial, como presidenta de la Asociación Nacional de Fiscales, y su participación en instancias internacionales, ampliaron su mirada más allá del caso a caso, incorporando una comprensión regional del fenómeno criminal y de los desafíos compartidos en América Latina.

Del expediente a la política pública

La renuncia al Ministerio Público marcó el cierre de una etapa y el inicio de otra. Como ministra de Seguridad Pública, Steinert enfrentará un desafío distinto: pasar de perseguir delitos a diseñar estrategias, de liderar investigaciones a coordinar políticas, policías y prevención.

No es un salto menor. Pero su carrera sugiere coherencia: quien conoció el delito desde abajo ahora deberá enfrentarlo desde arriba, con herramientas distintas, pero con el mismo objetivo.

Un perfil construido desde el mérito

Trinidad Steinert no representa una biografía de marketing político. Representa una idea que hoy gana terreno: la seguridad como política de Estado debe estar en manos de quienes han conocido el problema en su forma más cruda.

Su historia es la de una profesional que avanzó sin atajos, que acumuló experiencia donde más se necesita y que ahora asume una responsabilidad mayor con un capital difícil de improvisar: conocimiento, carácter y convicción pública.

En tiempos donde la seguridad exige algo más que discursos, su perfil aparece como una señal clara de época: la técnica y la experiencia vuelven al centro del poder.

Belén Pavez G., Periodista y Locutora. Licenciada en Comunicación Social. Productora general y Directora de prensa en Vilas Radio. Música y Cat lover.

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