
Entre el sonido de los bronces y el aroma del incienso andino, el poblado de Sotoca marcó esta semana el inicio de las obras de restauración de la Iglesia Nuestra Señora de la Candelaria. Tras dos décadas de gestiones y el severo deterioro causado por los terremotos de 2005 y 2014, este Monumento Histórico del siglo XVIII comienza su recuperación integral con una inversión de $2.596 millones provenientes del Fondo Nacional de Desarrollo Regional (FNDR).
El hito comenzó con una pawa, rogativa ancestral donde la Comunidad Indígena Aymara y la Junta de Vecinos solicitaron permiso a la Pachamama para intervenir el recinto, que tras los sismos quedó convertido en ruinas. La ceremonia fue acompañada por los Lakitas de Corza Pasión Ancuguari, quienes brindaron el marco tradicional a un evento que pone fin a la prolongada postergación que afectaba al templo de las alturas de Huara.

Durante la actividad, el alcalde de Huara, José Bartolo, subrayó la persistencia de los residentes para concretar el proyecto: “Este es el sueño que tiene el pueblo de Sotoca. Son más de 20 años de gestiones de sus dirigentes para llegar a este momento; esto no es solo ladrillo y barro, es la historia de nuestra gente”, afirmó, recordando el rol de dirigentas locales como Cecilia Castillo.
Por su parte, José Miguel Carvajal, gobernador de Tarapacá se refirió al impacto de la obra en la identidad del territorio: “Sentimos que estas campanas al volver a sonar le devolverán el alma a esta comunidad. Restaurar esta iglesia es devolverle la dignidad a Sotoca y asegurar que su riqueza ancestral permanezca viva”.
En la instancia, donde también participaron los consejeros Mauricio Schmidt y Octavio López, se detalló que el proyecto —formulado por la Dirección de Arquitectura del MOP— será ejecutado por la empresa Nevado 3 bajo estándares que respetan la cosmovisión aymara.

El momento de mayor carga simbólica ocurrió con el toque de la campana. Este objeto fue el primero en ser resguardado cuando la estructura colapsó y, por protocolo técnico, será el último componente en ser instalado una vez que las faenas concluyan en septiembre de este año. Con este acto, se sella el compromiso de recuperar un pilar de la arquitectura colonial andina que es Monumento Nacional desde 1953.







