
El Juzgado de Garantía de la provincia del Tamarugal decretó la máxima cautelar para un sujeto de nacionalidad paraguaya. El Ministerio Público y la PDI acreditaron que, tras una violenta discusión motivada por el alcohol, el imputado atacó ferozmente a la víctima con golpes de puño, pies y objetos contundentes, dejándolo sin vida en un sitio eriazo.
Una trágica y descarnada disputa familiar terminó de la peor manera en el corazón de la Provincia del Tamarugal. El Juzgado de Letras y Garantía de Pozo Almonte acogió en su totalidad los argumentos presentados por la Fiscalía Local y decretó la medida cautelar de prisión preventiva para un ciudadano paraguayo formalizado por el delito de homicidio simple en contra de su propio hermano, tras protagonizar una letal riña en la Región de Tarapacá.
El horrendo crimen se desencadenó al interior de un asentamiento informal, dejando al descubierto los niveles de violencia que pueden originarse bajo la ingesta desmedida de alcohol. Durante la audiencia, el tribunal compartió los fundamentos del Ministerio Público, estableciendo de forma unánime que la libertad del imputado representaba un peligro inminente para la seguridad de la sociedad, ordenando su ingreso inmediato a un recinto penitenciario y fijando un plazo de investigación cerrado de 120 días para el esclarecimiento total de los hechos.
Furia, alcohol y una riña fatal en un sitio eriazo
El desgarrador relato de los hechos fue expuesto detalladamente ante el magistrado por el abogado asistente de la Fiscalía del Tamarugal, Sebastián Barahona. De acuerdo con el persecutor, el brutal homicidio se materializó entre la noche del pasado 21 de mayo y la madrugada del 22 de mayo de este año 2026. El escenario del crimen fue un sitio eriazo ubicado en el Barrio Industrial de Pozo Almonte, lugar donde la víctima pernoctaba y vivía de forma precaria junto a su hermano, el ahora imputado.
Mientras ambos compartían y consumían bebidas alcohólicas en el lugar, se originó una acalorada discusión verbal por motivos que aún se indagan. La tensión escaló rápidamente hacia las agresiones físicas, momento en que el imputado desató un ataque desproporcionado. «El imputado le propina diversos golpes contundentes, puños, pies, y objetos contundentes también a la víctima en diferentes partes de su cuerpo», detalló de forma oficial el abogado asistente Barahona, precisando que las lesiones se concentraron con especial saña en el rostro, la cabeza y el torso del afectado. La violencia de los impactos fue de tal magnitud que la víctima resultó con lesiones de extrema gravedad que, de forma directa, le ocasionaron la muerte en el mismo lugar de los hechos.
Las pruebas científicas de la PDI: La ropa ensangrentada delató al imputado
La captura del agresor no fue inmediata. Tras el deceso, el sujeto fue detenido inicialmente el domingo pasado por personal policial, instancia en la que la Fiscalía solicitó de manera estratégica ampliar el control de la detención para que los peritos científicos pudieran consolidar las pruebas biológicas.
Durante dicho periodo de ampliación, el trabajo de campo liderado por los detectives de la Brigada de Homicidios (BH) y los peritos del Laboratorio de Criminalística (Lacrim) de la Policía de Investigaciones de Chile resultó fundamental para desmoronarla coartada del agresor. La policía civil recolectó contundentes declaraciones de testigos clave del Barrio Industrial, pero la prueba reina de la formalización provino de la ciencia forense: el peritaje bioquímico realizado a las manchas de sangre encontradas en las vestimentas que portaba el imputado determinó de forma científica que correspondían al perfil genético de su fallecido hermano.
«Durante este plazo de la ampliación de la investigación, el personal de la Brigada de Homicidios de la PDI logró justamente vincular a este sujeto con el deceso de su hermano», sentenció el abogado de la Fiscalía, Sebastián Barahona. Con la evidencia científica sobre la mesa, la justicia cerró el círculo en torno al ciudadano paraguayo, quien ahora arriesga severas penas que parten en los 10 años y un día de presidio efectivo por haberle arrebatado la vida a su propio lazo de sangre en las áridas tierras del Tamarugal.



