
En una reunión marcada por demandas acumuladas y llamados urgentes a mejorar el transporte menor, el Seremi de Transportes de Tarapacá y dirigentes de FEDETAC revisaron seguridad, fiscalización, conectividad y condiciones laborales del gremio, acordando avanzar en mesas permanentes y promover una conducción responsable para mejorar la experiencia de miles de usuarios.
La mañana comenzó movida en Iquique. Afuera, en la vereda caliente de Sotomayor, motores de taxis y colectivos se encendían y apagaban como si acompañaran un murmullo que venía creciendo desde temprano. A eso de las 10:00, los dirigentes de la Federación de Taxis Básicos y Colectivos (FEDETAC) subieron las escaleras de la Seremi de Transportes con una carpeta gruesa bajo el brazo: la memoria de sus reclamos históricos.
En el segundo piso los esperaba el Seremi de Transportes y Telecomunicaciones de Tarapacá, Daniel González, quien —según comentaba su equipo— ya llevaba días preparando esta cita. No era una reunión más: era un encuentro para revisar, punto por punto, el presente y el futuro del transporte público menor en la región. Y lo que ahí se habló, más que un listado técnico, parecía un diagnóstico crudo de una realidad que golpea a diario a miles de usuarios y conductores.
Un gremio cansado de promesas y una autoridad que llama a la conducción responsable
La conversación partió directo, sin rodeos. Los representantes de FEDETAC desplegaron necesidades largamente postergadas: regularidad en los recorridos, seguridad en las paradas, apoyo en infraestructura, mejores condiciones laborales y un trato institucional que reconozca, de una vez por todas, que el transporte menor no es un accesorio del sistema: es un pilar que sostiene la movilidad diaria de Tarapacá.
González escuchó sin interrumpir. Tomaba nota. Preguntaba detalles. Y, apenas los dirigentes terminaron de exponer, puso sobre la mesa un punto que —según dijo— no se negocia: la responsabilidad al volante.
“La región vive momentos complejos en materia de siniestros viales. Necesitamos más seguridad, más respeto por las normas y un compromiso absoluto en la conducción. Ninguna mejora servirá si no avanzamos juntos en eso”, advirtió.
Era un mensaje claro para todos: tanto para los usuarios que exigen mayor calidad como para los conductores que trabajan jornadas extensas en trayectos cada vez más congestionados.

De la teoría a las soluciones: lo que realmente se discutió en la mesa
Durante la reunión se profundizó en tres ejes que el propio gremio ha catalogado como urgentes:
1. Mejorar la experiencia del usuario
Hablamos de recorridos más regulares, autos en mejor estado, horarios más estables y mayor seguridad tanto para pasajeros como para conductores. Años de quejas acumuladas pasaron a convertirse en una hoja de ruta concreta.
2. Fiscalización que funcione —y que no llegue solo cuando hay conflicto
Se acordó reforzar controles, asegurar el cumplimiento de la normativa vigente y elevar el estándar del servicio. No como castigo, sino como una herramienta para profesionalizar el transporte público menor.
3. Avanzar en demandas históricas
Aquí está el corazón del conflicto: derechos laborales, reconocimiento formal del rol del gremio y apertura de espacios de diálogo permanentes. “Es ahora o nunca”, dijo uno de los dirigentes al salir.
El compromiso de la autoridad: “Tarapacá merece un transporte digno”
Antes de cerrar la reunión, González tomó la palabra para dar una señal política que el gremio esperaba hace tiempo.
“Hoy escuchamos con atención las brechas que por años han planteado los dirigentes. Nuestro compromiso es avanzar juntos en soluciones reales: mejorar los espacios para el transporte público, fortalecer la conectividad hacia el sector sur y asegurar un servicio digno y oportuno para la comunidad. Trabajaremos con mesas permanentes, de cara a las organizaciones”, afirmó.
No lo dijo en tono triunfalista. Lo dijo en tono de responsabilidad.
Para el Seremi, la región necesita un sistema robusto, moderno y seguro. Para FEDETAC, lo fundamental es que esta vez —por fin— las palabras se transformen en hechos.
Tarapacá sigue en movimiento
Mientras los conductores salían de la reunión comentando los avances y recordando las deudas pendientes, los colectivos volvían a encenderse en la calle. El tránsito seguía su curso, como si nada hubiese pasado, pero dentro de la oficina había quedado abierta una ruta que podría cambiar la relación entre el gobierno y el transporte menor.
Una cosa está clara:
En Tarapacá, la movilidad no se detiene.
Y las conversaciones que se deciden en una mesa, a veces, terminan marcando el futuro de toda una región.







