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QUIÉN ES CILIA FLORES, LA MUJER QUE PASÓ DE “PRIMERA COMBATIENTE” DEL CHAVISMO A ENFRENTAR CARGOS EN ESTADOS UNIDOS JUNTO A NICOLÁS MADURO

Cilia Flores, esposa de Nicolás Maduro y ex líder del Parlamento venezolano, fue detenida por Estados Unidos en el marco de una operación internacional que acusa al régimen venezolano de narcotráfico y corrupción. Considerada por analistas como una de las mujeres más poderosas del país, ahora enfrentará cargos federales en tribunales estadounidenses.

La noticia recorrió el mundo como un temblor geopolítico: Estados Unidos capturó al presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, y a su esposa, Cilia Flores, y los trasladó a Nueva York para que enfrenten cargos federales en tribunales estadounidenses por supuestas conspiraciones de narcoterrorismo, tráfico de cocaína y delitos vinculados con armas. Ambos comparecieron ante una corte federal de Manhattan esta semana, en un caso que ha estremecido tanto a la comunidad internacional como al chavismo, que califica la operación de “secuestro” imperial.

Sin embargo, detrás de ese gesto legal y militar —sin precedentes por ser una acción directa sobre un jefe de Estado en ejercicio— emerge la figura de una mujer que, hasta hace pocos días, había sido una de las figuras más poderosas y menos visibles del régimen venezolano: Cilia Adela Flores de Maduro. ¿Quién es realmente? ¿Cómo pasó de liderar instituciones clave en Venezuela a estar bajo custodia estadounidense? Aquí tienes el relato completo.

La “primera combatiente” que jamás se limitó a ser esposa

Cilia Flores, de 69 años, nació el 15 de octubre de 1956 en Tinaquillo, Venezuela, y creció en el oeste de Caracas, en barrios populares que más tarde predominarían en su discurso político como símbolo de sus orígenes. Es abogada titulada de la Universidad Santa María de Caracas y su carrera política comenzó mucho antes de cruzarse con Nicolás Maduro.

Desde finales de los años 90 se vinculó con el movimiento liderado por Hugo Chávez, y en 2006 alcanzó una de las posiciones más influyentes en la estructura política venezolana al ser la primera mujer en presidir la Asamblea Nacional, el parlamento del país. Su gestión allí estuvo marcada por decisiones controvertidas, incluidas acusaciones de nepotismo por haber promovido a decenas de familiares en cargos legislativos —acusaciones que ella siempre negó— y decisiones que limitaron el acceso de la prensa al hemiciclo.

En 2012 fue nombrada procuradora general de la República por el propio Hugo Chávez, y cuando Nicolás Maduro asumió la presidencia en 2013 tras la muerte de Chávez, Flores interrumpió cargos formales para convertirse en primera dama, o como ella misma fue rebautizada por el régimen: “primera combatiente de la patria”.

Lejos de ser meramente ceremonial, Cilia Flores ejerció un poder real y sostenido dentro del chavismo, influyendo en nombramientos, políticas legislativas e incluso en decisiones estratégicas del gobierno, según analistas políticos independientes.

Una vida de poder envuelta en polémicas

No es exagerado decir que Flores fue, a lo largo de las dos últimas décadas, una de las figuras políticas más temidas y respetadas dentro del círculo gobernante en Caracas, incluso por encima de muchos ministros:

  • Fue presidenta del Parlamento venezolano.
  • Se le adjudica influencia significativa en la justicia y en nombramientos institucionales.
  • Participó directamente en la consolidación del poder chavista tras la muerte de Chávez.

Sin embargo, su carrera nunca estuvo exenta de controversias. Ya en 2015 dos de sus sobrinos fueron detenidos por la DEA en Haití por intentar enviar 800 kilos de cocaína a Estados Unidos, y más tarde sancionados por la justicia estadounidense.

Además, tanto Estados Unidos como Canadá incluyeron su nombre en sanciones económicas destinadas a golpear el círculo íntimo del régimen de Maduro por presuntos vínculos con redes de narcotráfico y corrupción.

De la fidelidad romántica a la acusación judicial

Para muchos en Venezuela y fuera de ella, la narrativa oficial del chavismo sobre Cilia Flores siempre fue la de una mujer leal a su esposo y a la revolución bolivariana. En redes afines y medios del régimen, se llegó a decir que Flores no permitió que las fuerzas estadounidenses se llevaran a Maduro sin ella, describiéndola como una compañera incansable en la lucha política.

Sin embargo, la versión que presenta ahora la justicia de los Estados Unidos es radicalmente diferente: en el indictment estadounidense se describe a Flores no como una esposa secundaria en el poder, sino como una partícipe activa de la supuesta estructura criminal dirigida por Maduro.

De acuerdo al escrito de acusación —origen de los cargos presentados ante la Corte Federal en el Distrito Sur de Nueva York—, tanto Maduro como Flores están implicados en una conspiración para traficar cocaína hacia el territorio estadounidense, en asociación con cárteles de México, bandas como Tren de Aragua y otros grupos criminales transnacionales.

El documento sostiene que el régimen que ellos lideraban facilitó envíos de droga utilizando rutas estatales y estructuras gubernamentales para proteger a los carteles, ordenar actos violentos contra rivales y obtener sobornos que habrían beneficiado directamente a la familia presidencial.

Cargos federales y estrategia legal en Nueva York

Los cargos que enfrenta Cilia Flores —y que se suman a los ya presentados contra Maduro en acusaciones que datan de 2020— incluyen narcoterrorismo, conspiración para importar cocaína y delitos relacionados con armas, con penas que podrían llegar a cadena perpetua en caso de ser hallados culpables.

La Fiscal General de EE.UU., Pam Bondi, ha señalado que ambos serán sometidos a la jurisdicción estadounidense “en suelo estadounidense”, después de la operación militar culminada en Caracas y el traslado a Nueva York.

Este procedimiento —que ha provocado condenas de Rusia, China y la ONU, y ha sido descrito como un ataque a la soberanía por el gobierno venezolano— coloca a Flores en el centro de uno de los procesos internacionales más complejos de las últimas décadas, con repercusiones que van desde lo legal hasta lo diplomático.

Una mujer en la encrucijada del poder y la justicia

Cilia Flores no es solo “la esposa de Maduro”: es una figura política que transitó desde los barrios populares de Caracas hasta los pasillos del poder, convertida en abogado, legisladora, líder parlamentaria y figura de peso en la estructura del Estado venezolano. Su caída, al lado de su marido, marca un punto de inflexión histórico.

Su historia desafía la imagen oficial de “primera combatiente leal” y la sitúa en el ojo de un huracán legal e internacional que, más allá de cifras y tribunales, redefine nociones de poder, responsabilidad y justicia en el continente.

Belén Pavez G., Periodista y Locutora. Licenciada en Comunicación Social. Productora general y Directora de prensa en Vilas Radio. Música y Cat lover.

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