
El Juzgado de Garantía de Los Lagos envió a la cárcel a Javier Troncoso como presunto autor material del crimen. En la audiencia se expuso que este es el tercer homicidio ocurrido en el mismo domicilio y que la mujer, antes de desaparecer, pidió oraciones en iglesias porque temía que su hijo la matara.
Un vuelco escalofriante marcó la formalización por la muerte de Julia Chuñil, la mujer desaparecida en noviembre de 2024 en Máfil. El tribunal decretó la prisión preventiva para su hijo, Javier Troncoso, imputado por los delitos de parricidio, robo con intimidación e inhumación. Por su parte, otros dos familiares, Jeannette Troncoso y Pablo San Martín, quedaron con arresto domiciliario total por autoría por omisión, medida que la Fiscalía ya apeló buscando la cárcel para ambos.
Una casa marcada por la sangre
El relato del Ministerio Público estremeció a la sala. Según los persecutores, el entorno de Julia Chuñil vivía bajo un «fenómeno persistente de violencia». El dato más perturbador revelado fue que este es el tercer homicidio que ocurre en la misma vivienda familiar, sumándose a un hecho de 2016 donde otro hijo de la víctima ya había sido condenado por asesinato.
La Fiscalía explicó que el silencio de los vecinos se debió al «terror» que inspiraban los imputados. Fue gracias a testigos reservados, uno de los cuales guardó silencio tras ser agredido y amenazado, que se logró reconstruir una realidad distinta a la denuncia original: los hechos ocurrieron en una fecha y lugar diferentes a los informados inicialmente por la familia.
«Oren por mi vida»: El presagio de la víctima
La investigación desenterró testimonios conmovedores de dos iglesias del sector. En ambas, la Julia Chuñil había pedido cadenas de oración por su vida, manifestando explícitamente el miedo que sentía hacia sus hijos. «Ella sentía que era su vida o la de su hijo», detalló el Ministerio Público al argumentar que el parricidio fue el desenlace de años de maltrato denunciados previamente al sistema de justicia.
La defensa cuestiona las pruebas
La abogada defensora, Karina Riquelme, rebatió duramente la tesis fiscal. Cuestionó la validez de los testigos reservados, asegurando que uno de ellos carecía de capacidades cognitivas según reportes iniciales de Carabineros.
Respecto al hallazgo de la cédula de identidad de la víctima en la casa de uno de los hijos, la defensa argumentó que no estaba oculta, sino en una suerte de «altar» familiar. Además, sembró dudas sobre el testimonio del exyerno de la víctima —quien incriminó a los hijos— acusando que declaró bajo presión y sin presencia de abogado.
Pese a los descargos, el magistrado consideró que los antecedentes presentados eran suficientes para acreditar la participación de Javier Troncoso, fijando su ingreso inmediato a prisión mientras se desarrolla el cierre de la investigación de este caso que ha conmocionado a la Región de Los Ríos.







