
El Liceo Bicentenario Minero Juan Pablo II de Alto Hospicio volvió a destacar a nivel nacional al registrar, por tercer año consecutivo, puntajes sobresalientes en la PAES, con 13 estudiantes sobre los 800 puntos y dos resultados máximos de 1.000 en Matemáticas.
Cuando los resultados de la Prueba de Acceso a la Educación Superior (PAES) comenzaron a circular, en Alto Hospicio hubo más que cifras: hubo orgullo. En salas de estudio, hogares humildes y pasillos escolares se confirmó una noticia que ya empieza a ser tradición: el Liceo Bicentenario Minero Juan Pablo II volvió a instalarse entre los referentes de la excelencia académica del país, logrando puntajes sobresalientes por tercer año consecutivo.
Esta vez, 13 exalumnos del establecimiento superaron la barrera de los 800 puntos, y dos de ellos alcanzaron el máximo nacional en Matemáticas: 1.000 puntos, una hazaña que no solo se repite, sino que marca un nuevo hito histórico al ser lograda, por primera vez, por una estudiante mujer.
Más que resultados: una historia de constancia
Lejos de la casualidad, los resultados hablan de un proceso sostenido. El Liceo Minero Juan Pablo II, ubicado en una de las comunas con mayores desafíos sociales del norte de Chile, ha demostrado que el origen no determina el destino cuando existe un proyecto educativo sólido, exigente y con visión de futuro.
El logro fue celebrado en una instancia íntima pero simbólica: un desayuno de reconocimiento organizado por Fundación Collahuasi, entidad que coadministra el establecimiento y que ha acompañado su desarrollo durante más de una década. Allí, estudiantes, docentes y representantes del mundo educativo y empresarial compartieron un momento que coronó años de esfuerzo silencioso.

Sueños que toman forma
Entre los jóvenes destacados está Rubén Ríos, quien alcanzó 818 puntos en Matemáticas. Su historia es la de muchos: largas jornadas de estudio, acompañamiento docente y un entorno familiar que sostuvo el proceso. “Cumplí una meta por la que trabajé mucho tiempo. Es una alegría compartida con mi familia”, señaló.
Pero fue Yeimy Rajido quien marcó un punto de inflexión. Con 1.000 puntos en Matemáticas, no solo rompió récords, sino también estereotipos. Su proyección es clara: estudiar Ingeniería Civil Mecánica en la Universidad de Concepción, llevando el nombre de Alto Hospicio a uno de los polos académicos del país.
Un modelo que se consolida
Desde la coadministración del liceo, el mensaje es categórico: el modelo funciona. Para la Compañía Minera Doña Inés de Collahuasi, estos resultados validan una apuesta iniciada en 2011, centrada en fortalecer la educación pública a través de alianzas estratégicas, innovación pedagógica y formación integral.
“El desempeño de estos estudiantes confirma que invertir en educación transforma realidades y abre oportunidades reales de desarrollo regional”, señalaron desde la compañía, destacando que no se trata solo de puntajes, sino de trayectorias de vida que se proyectan.
Formación desde la base
La dirección del establecimiento enfatiza que el éxito no se construye en cuarto medio, sino mucho antes. Desde séptimo básico, los estudiantes reciben herramientas académicas, técnicas y socioemocionales que se articulan con una exigente preparación para la educación superior.
Esa combinación —educación técnico-profesional, acompañamiento constante y altas expectativas— ha convertido al Liceo Juan Pablo II en un referente que trasciende la región.

Alto Hospicio en la cima educativa
En un contexto nacional donde el acceso equitativo a la educación sigue siendo un desafío, los resultados del Liceo Minero Juan Pablo II irrumpen como una señal potente: la excelencia también nace en el norte, en la educación pública, y con jóvenes que creen en su talento.
Más que puntajes, lo ocurrido en Alto Hospicio es una historia de convicción, trabajo colectivo y futuro. Y todo indica que no será la última vez que este liceo escriba su nombre entre los mejores del país.







