
Las obras avanzan, pero el futuro preocupa: uno de cada cuatro trabajadores de la construcción en Arica ya supera los 60 años y el relevo juvenil no aparece, encendiendo una alerta silenciosa en uno de los sectores clave del empleo regional.
A primera hora de la mañana, cuando el sol comienza a golpear con fuerza en Arica, las obras despiertan al ritmo de martillos, grúas y voces curtidas por los años. Son manos expertas las que levantan muros, corrigen desniveles y conocen cada secreto del oficio. El problema es que esas manos tienen cada vez más arrugas… y cada vez menos reemplazos.
La construcción en la región de Arica y Parinacota enfrenta una alerta que no hace ruido, pero que avanza sin pausa: el envejecimiento acelerado de su fuerza laboral. Hoy, más de la mitad de quienes trabajan en terreno supera los 45 años y uno de cada cuatro ya pasó la barrera de los 60. El promedio de edad en faena sobrepasa los 50 años, una cifra que enciende luces rojas sobre el futuro del sector.
Oficio con experiencia pero sin aprendices
Durante décadas, la construcción se sostuvo sobre una cadena invisible pero sólida: el maestro enseñaba, el aprendiz observaba y el oficio se heredaba. Esa lógica comienza a quebrarse. Los jóvenes no están llegando, y los números lo confirman: apenas un 12% de los trabajadores es menor de 30 años.
Las razones son múltiples. La minería, los servicios y otros rubros con mayor estabilidad o percepción de modernidad han captado a las nuevas generaciones. La obra, exigente y físicamente demandante, dejó de ser una opción atractiva para muchos jóvenes, especialmente en un contexto donde el trabajo técnico no siempre logra competir con expectativas salariales o de proyección.
Desde la industria reconocen que el problema no es inmediato, pero sí estructural: cuando estos maestros se retiren, la experiencia se irá con ellos.
Mujeres: la grieta por donde entra el futuro
En medio de este panorama, una señal rompe la monotonía del diagnóstico. Las mujeres avanzan, lentamente pero con firmeza, en un sector históricamente masculinizado. Hoy representan el 17,5% de la dotación regional, con una edad promedio cercana a los 39 años, es decir, once años menos que los hombres.
Ya no están solo en labores administrativas o de apoyo. Cada vez es más común verlas en terminaciones, operación de maquinaria, supervisión y liderazgo de cuadrillas, transformándose en una de las principales apuestas de renovación para la industria.
Desde la Cámara Chilena de la Construcción, su presidente regional, Juan Vásquez Manlla, ha advertido que el escenario requiere atención urgente, pero también destacó avances en mejoras salariales, incentivos, capacitación y tecnificación, factores que han abierto la puerta a una mayor participación femenina y podrían atraer nuevos perfiles laborales.
Un desafío que va más allá de la productividad
El envejecimiento del sector no es solo una estadística laboral. Es un desafío social, formativo y económico. Sin recambio, la construcción arriesga retrasos, alzas de costos y pérdida de conocimiento técnico. Por eso, desde el gremio se plantea la urgencia de fortalecer la formación técnica, modernizar el oficio y ofrecer condiciones laborales que dialoguen con las expectativas de las nuevas generaciones.
A nivel nacional, estudios del sector ya advierten una tendencia similar, especialmente en regiones extremas, donde la competencia por mano de obra es mayor. Arica, por su ubicación estratégica y su crecimiento urbano proyectado, enfrenta el desafío con mayor presión.
Una obra que necesita nuevos cimientos
La construcción regional se parece hoy a un edificio firme, levantado con experiencia, pero que necesita nuevos cimientos humanos para sostener su futuro. Si el relevo no llega a tiempo, el riesgo no será solo la falta de trabajadores, sino la pérdida de un oficio que durante décadas levantó ciudades enteras.
El desafío está sobre la mesa: unir experiencia y juventud, antes de que el silencio del recambio se convierta en una grieta imposible de reparar.







