
La crisis de seguridad y el desorden estival han alcanzado niveles críticos en el borde costero de Iquique. Durante este verano, las playas de la ciudad se han transformado en el escenario de una expansión descontrolada del comercio ambulante clandestino, actividad que no solo obstruye el libre tránsito, sino que ha traído consigo la venta ilegal de alcohol y constantes altercados en zonas de alta afluencia turística. El fenómeno mantiene en alerta máxima a los residentes y gremios locales, quienes denuncian una pérdida sistemática de los espacios públicos frente a mafias organizadas.
Tal como lo informó El Mercurio, el panorama en los balnearios iquiqueños se ha vuelto complejo debido a la agresividad con la que operan los vendedores sin permiso. Las autoridades han detectado que la instalación de estos puestos irregulares genera focos de suciedad, ruidos molestos y un riesgo sanitario latente por la manipulación de alimentos sin control. Ante la magnitud del problema, se ha solicitado un despliegue urgente de personal municipal, con el apoyo de la Armada y Carabineros, para frenar el avance de esta actividad que daña gravemente la imagen turística de la región de Tarapacá.
Respecto a la falta de control en las zonas de mayor veraneo, Ricardo Jorquera, representante gremial de Iquique, manifestó que «se trabajó con permisos para quienes quieren vender, pero igual falta más control porque muchos se desordenan y se instalan en cualquier lugar». Esta situación ha generado una competencia desleal con el comercio establecido, que paga patentes y cumple con las normativas vigentes, mientras que el sector informal opera con total impunidad.
En la misma línea, la dirigenta Marcela Pastenes, sostuvo que «junto con una fiscalización permanente y coordinada, es necesario avanzar en sanciones y penas más duras y efectivas para quienes insisten en operar al margen de la ley». La demanda de los sectores productivos es clara: se requiere un ordenamiento inmediato del borde costero para garantizar la seguridad de los bañistas y recuperar la tranquilidad característica de las playas iquiqueñas.







