
Un grave testimonio remece a Gendarmería de Chile. El comandante del penal Santiago 1, quien en abril pasado fue víctima de un violento ataque en su hogar en Cauquenes, vinculado al Tren de Aragua, reveló en sus declaraciones a la Policía de Investigaciones y a la Fiscalía detalles inéditos sobre los niveles de corrupción al interior del recinto penitenciario.
Según relató, existen gendarmes que participan en transacciones clandestinas con los internos, donde las ganancias pueden superar el medio millón de pesos por jornada. Estos negocios incluirían la entrada de artículos prohibidos como drogas, celulares, alcohol y armas artesanales, elementos que luego se redistribuyen entre los reclusos.
El funcionario, que en distintas ocasiones encabezó allanamientos dentro de la cárcel, afirmó que gran parte de los procedimientos terminan sin responsables identificados, pese a las incautaciones de objetos ilícitos. “Es raro que alguien sea sorprendido portando directamente estos elementos”, habría señalado en su declaración, apuntando a un sistema en el que reina la impunidad.
UN ATAQUE CON SELLO MAFIOSO
El episodio que gatilló esta denuncia se produjo el 6 de abril en Cauquenes, cuando desconocidos dispararon contra su vivienda y dejaron en la entrada una corona de flores junto a una carta amenazante, en un claro acto de amedrentamiento. Días antes, el gendarme había participado en procedimientos internos en Santiago 1.
La investigación permitió detener a tres ciudadanos venezolanos vinculados al Tren de Aragua, organización criminal de alcance internacional que ha extendido sus operaciones a Chile.
SOSPECHAS INTERNAS
Lo más delicado del caso es que, de acuerdo con la versión del funcionario, su información personal fue entregada desde el propio penal. Un cabo habría filtrado sus datos de residencia a los reclusos, supuestamente como represalia tras ser sorprendido con un bolso que contenía mercancía destinada a la venta ilegal dentro de la cárcel.
El acusado, conocido entre algunos colegas por el apodo de “doctor” debido a las altas sumas de dinero que obtenía, es sindicado como pieza clave en el traspaso de información que terminó exponiendo al comandante y a su familia.
UNA INSTITUCIÓN CUESTIONADA
Este testimonio reabre el debate sobre la fragilidad de las cárceles chilenas frente a la corrupción interna y la capacidad de las bandas criminales de operar desde el interior. Las declaraciones del gendarme ponen sobre la mesa un problema estructural: el poder económico y de intimidación de grupos como el Tren de Aragua, y las grietas de una institución que, en teoría, debe velar por la seguridad y control de los penales.