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FUNCIÓN IMPERDIBLE HOY EN IQUIQUE: ARTE CALLEJERO REVIVE SÍMBOLO ANCESTRAL DEL DESIERTO

Este martes 6 de enero a las 21:00 horas, la compañía La Patogallina estrenará en la costanera de Iquique el pasacalle gratuito “El Gigante y los niños Wara Wara”, un espectáculo de teatro callejero inspirado en el Gigante de Tarapacá que combina arte, memoria ancestral y participación comunitaria.

Hoy no es un día cualquiera en Iquique. Este martes 6 de enero, cuando el reloj marque las 21:00 horas y el sol termine de hundirse en el Pacífico, algo extraordinario ocurrirá en la costanera: el desierto bajará simbólicamente hasta el borde costero y el Gigante de Tarapacá cobrará vida ante miles de personas. No es una metáfora exagerada: es la función de estreno de El Gigante y los niños Wara Wara, el pasacalle gratuito con el que la compañía La Patogallina promete transformar la noche iquiqueña en un rito colectivo, artístico y profundamente identitario.

La cita es hoy, aquí y ahora, en Avenida Arturo Prat con Juan Martínez. No hay entradas ni butacas numeradas. El escenario será la calle, el público caminará junto a los artistas y la ciudad completa se convertirá en parte del relato. Así comienza una de las apuestas más ambiciosas del Festival Internacional Tarapacá a Mil 2026, que esta noche pone el foco en la memoria ancestral del norte grande, pero con los pies firmes en el presente.

CUANDO EL DESIERTO DECIDE HABLAR

Durante más de mil años, una figura inmensa ha permanecido grabada en la ladera del Cerro Unita. El Gigante de Tarapacá —uno de los geoglifos más grandes del planeta— ha observado silenciosamente caravanas, cambios culturales, conquistas, modernidad y olvido. Esta noche, ese silencio se rompe.

La Patogallina, compañía emblemática del teatro callejero chileno, toma ese ícono ancestral y lo traslada al lenguaje del movimiento, la música y el encuentro comunitario. Bajo la dirección artística de Martín Erazo, el espectáculo no busca “representar” al Gigante, sino invocarlo: hacerlo caminar, respirar y dialogar con la ciudad que hoy lo reconoce como símbolo.

UN ESPECTÁCULO QUE NO SE MIRA, SE CAMINA

“El Gigante y los niños Wara Wara” es un pasacalle en el sentido más puro del término. No hay distancia entre artistas y espectadores. La obra avanza junto al público, lo rodea, lo invita a sumarse. Máscaras, cuerpos en movimiento, percusión, cantos y colores se despliegan mientras la multitud avanza por la costanera, borrando la frontera entre escenario y vereda.

La experiencia es sensorial y colectiva. El espacio público deja de ser un lugar de tránsito para transformarse en territorio ceremonial. Tal como hace siglos comunidades completas trabajaron juntas para dibujar figuras gigantes sobre la tierra, hoy la comunidad se reúne para reactivar ese gesto de pertenencia y memoria.

INVESTIGACIÓN, ARTE Y TERRITORIO

Nada de lo que ocurre esta noche es improvisado. La creación del pasacalle se sustenta en un proceso de investigación que involucró archivos históricos y colaboración con especialistas de la Universidad Católica y la Universidad de Chile, dedicados al estudio y conservación de los geoglifos del norte de Chile.

Ese trabajo permitió comprender que el Gigante de Tarapacá no es una imagen aislada, sino parte de un vasto sistema de signos que se extiende por el desierto entre los años 1000 y 1400, cuando las comunidades prehispánicas construían identidad a escala monumental, trabajando colectivamente sobre el paisaje.

LOS WARA WARA: EL FUTURO QUE ACOMPAÑA

En el corazón del relato aparecen los Wara Wara: niños y niñas que acompañan al Gigante en este viaje escénico. Ellos no representan el pasado, sino la continuidad. Son la herencia viva, el futuro que camina junto a la memoria.

La obra plantea preguntas sin imponer respuestas: ¿qué hacemos hoy con nuestros símbolos?, ¿cómo protegemos lo que nos define como territorio?, ¿qué relatos dejamos a quienes vienen después? En ese cruce entre arte y reflexión, el espectáculo se transforma en algo más que una función: es una declaración cultural.

MÁS ALLÁ DE ESTA NOCHE

La presencia de La Patogallina en Tarapacá no se agota con el estreno de hoy. Como parte del festival, la compañía ha desarrollado y seguirá impulsando instancias de formación y mediación artística, reforzando el vínculo entre creación escénica y comunidad.

Ayer, 5 de enero, se realizó la Escuela La Patogallina en la Casa Municipal de la Cultura de Iquique, un taller intensivo dirigido a estudiantes y creadores locales, algunos de los cuales se integran directamente al pasacalle de esta noche. En paralelo, en la comuna de Pica, la compañía encabezó el encuentro “Cosmovisiones y raíces rítmicas”, una jornada de diálogo y percusión colectiva abierta a la comunidad.

UNA NOCHE PARA LA HISTORIA

Hoy, martes 6 de enero, a las 21:00 horas, Iquique será testigo de algo irrepetible. El mar, la noche, la ciudad y el desierto se encontrarán en un mismo pulso. No se requiere preparación previa, solo estar ahí, caminar y dejarse llevar.

Porque esta noche, el Gigante no se mira desde lejos.
Esta noche, el Gigante camina con su gente.
Y el desierto, por fin, vuelve a hablar frente al mar.

Belén Pavez G., Periodista y Locutora. Licenciada en Comunicación Social. Productora general y Directora de prensa en Vilas Radio. Música y Cat lover.

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