
Un inicio de marzo complejo viven los iquiqueños tras la entrada en vigencia del alza en las tarifas del transporte público. Desde este fin de semana, el pasaje diurno en Iquique escaló a los $650, mientras que el horario nocturno se fijó en $700. En los paraderos de la ciudad, los choferes han comenzado a instalar la nueva señalética, reportando una reacción de resignación por parte de los usuarios, quienes deben ajustar sus presupuestos ante un costo de la vida que no da tregua.
Desde el gremio de transportistas aseguran que el ajuste era inevitable debido al incremento sostenido del combustible y el IPC. Sin embargo, para los pasajeros, los veinte pesos de aumento representan un peso adicional en un mes crítico marcado por el regreso a clases y el alza en los alimentos de primera necesidad. En este contexto, la posibilidad de implementar un sistema de pago con tarjeta surge como una alternativa para modernizar el servicio y mejorar la seguridad.
Es así como, Rodrigo, conductor de microbús, detalló que la gente ha recibido el cambio de forma normal y sostuvo que «no han habido quejas con respecto al alza… se apuntó a lo que ha subido el costo de la vida».
La discusión sobre la digitalización del pago genera posturas encontradas. Mientras los conductores ven una oportunidad para agilizar los recorridos y evitar el manejo de efectivo, los adultos mayores expresan temor por la brecha tecnológica. La necesidad de contar con una red de carga eficiente en todos los sectores de la ciudad es la principal exigencia de quienes temen quedar excluidos de este avance.
Por su parte, Pascual Pichón, usuario adulto mayor, señaló estar de acuerdo con la tarjeta por un tema de seguridad personal y sostuvo que «me conviene andar con una tarjeta… yo le pido ayuda a una hija que tengo y ella me enseña».
Por otro lado, la preocupación por el desempleo y los sueldos estancados marca el tono de los testimonios en las calles. Los usuarios recalcaron que, aunque el alza parece menor, en la suma semanal el impacto es significativo para las familias que utilizan la locomoción colectiva de forma diaria. La comunidad espera que, de implementarse el pago digital, este sea un sistema mixto que permita la transición sin afectar a los más vulnerables.
Ante ello, Teresa, usuaria del transporte público, manifestó su rechazo al encarecimiento generalizado y sostuvo que «está todo caro, la palta, el tomate, todo subió… ¿qué vamos a llegar a hacer?».
El sentimiento de sorpresa también estuvo presente en los paraderos este lunes. Muchos pasajeros se enteraron del nuevo valor al momento de abordar, lamentando que marzo comience con un nuevo castigo financiero. La modernización del sistema sigue siendo una promesa que los iquiqueños miran con cautela, priorizando que el servicio mejore en frecuencia y calidad acorde a los nuevos precios.
En esa línea, Daisy, pasajera de la locomoción colectiva, manifestó que el aumento le afecta directamente en su planificación y sostuvo que «mal, porque uno ocupa harta la locomoción y en la semana se va harta plata».







