
Desde enero de 2026 comenzarán a aplicarse dos nuevos beneficios de la Reforma de Pensiones que permitirán aumentar las jubilaciones: el Bono por Años Cotizados, que entrega un aporte mensual adicional según el tiempo efectivamente cotizado, y la Compensación por Expectativas de Vida, destinada a reducir la brecha de pensiones entre hombres y mujeres. Ambos beneficios se entregarán de forma automática a quienes cumplan los requisitos.
El calendario avanza y, con él, una promesa largamente esperada por miles de jubilados en Chile empieza a tomar forma concreta. Desde enero de 2026, la Reforma de Pensiones deja de ser un debate técnico y se convierte en dinero real en el bolsillo de quienes hoy viven con ingresos ajustados. Dos nuevos mecanismos —el Bono por Años Cotizados y la Compensación por Expectativas de Vida— comienzan a operar con un objetivo claro: subir las pensiones y corregir desigualdades históricas del sistema previsional chileno.
No es una reforma total ni un vuelco completo al modelo, pero sí es, para muchos, el primer aumento tangible después de años de espera.
CUANDO COTIZAR MÁS EMPIEZA A NOTARSE
Durante décadas, uno de los principales reclamos del sistema previsional fue que no distinguía trayectorias laborales. Quien cotizó de manera constante y quien lo hizo de forma intermitente, muchas veces terminaban con pensiones igualmente insuficientes. El Bono por Años Cotizados (BAC) busca corregir esa lógica.
Desde enero, las personas que hayan cumplido 65 años o más y estén pensionadas por vejez o invalidez —o que lo hagan en el futuro— recibirán un monto adicional mensual, calculado directamente según los años efectivamente cotizados.
La fórmula es simple y directa:
👉 0,1 UF por cada año cotizado, con un tope de 2,5 UF mensuales.
Traducido a la vida real, una persona que cotizó cerca de 24 años podrá recibir alrededor de $94 mil adicionales todos los meses, pagados junto a su pensión habitual. No se trata de un bono único ni de un aporte temporal, sino de un complemento permanente.
El beneficio reconoce también realidades laborales especiales: personas pensionadas anticipadamente por trabajos pesados o calificadas como enfermos terminales pueden acceder sin restricciones adicionales. En el caso de los requisitos, los hombres deberán acreditar al menos 20 años de cotizaciones, mientras que las mujeres comenzarán con 10 años, exigencia que subirá gradualmente hasta los 15 años.
Eso sí, quedan fuera quienes pertenecen al antiguo sistema previsional del IPS y quienes reciben pensiones de Dipreca o Capredena, salvo en casos específicos de montepío.
LA BRECHA DE GÉNERO, POR FIN EN EL CENTRO
El segundo beneficio apunta a una desigualdad estructural que ha marcado el sistema previsional chileno desde su origen: las mujeres viven más, pero reciben pensiones más bajas. No por cotizar menos necesariamente, sino porque su mayor esperanza de vida diluye el monto mensual de su jubilación.
La Compensación por Expectativas de Vida (CEV) entra a corregir esa distorsión. Desde enero de 2026, las mujeres pensionadas podrán recibir un aporte mensual adicional que busca igualar, en la práctica, las condiciones con las que se pensionan los hombres cuando el ahorro acumulado es similar.
El beneficio se puede recibir desde los 60 años, en pensiones de vejez o invalidez, y alcanza su 100% al pensionarse a los 65 años. Si la jubilación ocurre antes, el monto se entrega de forma proporcional.
El cálculo considera tres factores clave:
– El monto estimado de la pensión base (hasta 18 UF).
– El ajuste por expectativa de vida.
– La edad efectiva de jubilación.
En términos concretos, una mujer que se pensiona a los 65 años, con una pensión base cercana a 18 UF, puede recibir cerca de $78 mil adicionales mensuales, un refuerzo permanente que busca achicar la brecha previsional de género.
SIN TRÁMITES, SIN POSTULACIONES
Uno de los aspectos destacados de ambos beneficios es su implementación automática. No habrá filas, formularios ni procesos de postulación. Si la persona cumple los requisitos, el aporte se incorpora directamente a su pensión, reduciendo la burocracia que históricamente ha dificultado el acceso a ayudas estatales.
Desde la industria previsional se ha subrayado que estos mecanismos responden a demandas concretas de los afiliados: reconocer trayectorias laborales reales y corregir inequidades que el sistema arrastraba por diseño.
UNA REFORMA QUE AVANZA, PERO NO SE DETIENE
Estos beneficios se suman a otras medidas ya en marcha, como el aumento gradual de la cotización con cargo al empleador y el fortalecimiento de la Pensión Garantizada Universal, que hoy alcanza montos más altos para personas mayores de 82 años, beneficiando a cientos de miles de jubilados.
No es el final del camino ni la solución definitiva al problema de las pensiones en Chile. Pero para quienes viven con ingresos que apenas alcanzan para cubrir lo básico, enero de 2026 marca un punto de inflexión: por primera vez en años, cotizar más y vivir más tiempo deja de ser un castigo y comienza, lentamente, a ser reconocido.
Porque en un país que envejece, cómo se jubila no es un detalle técnico: es una decisión de dignidad.







