
Lo que para muchas familias de la Región de Tarapacá representa una costumbre invaluable, para las autoridades requiere un esfuerzo constante de fiscalización y ordenamiento. En la Playa Palo Buque, los veraneantes que se instalan con sus campamentos defienden una tradición que consideran parte del patrimonio cultural del norte, asegurando que su presencia se realiza bajo un estricto cumplimiento de las normas y en coordinación directa con las instituciones locales para evitar conflictos.
La defensa de esta forma de vida estival está liderada por una organización formal que agrupa a los vecinos que, por décadas, han dado vida al balneario durante la temporada alta. Mary Valenzuela, presidenta del Centro Cultural, Social y Deportivo Playa Palo Buque, destacó que “es una tradición de años que nosotros tenemos de venir a acampar aquí a la playa, es nuestra forma de disfrutar el verano en familia y con amigos de Iquique y Alto Hospicio”.

Para los socios de la organización, la permanencia en el sector sur de Iquique no es un hecho fortuito ni una toma ilegal, sino un compromiso con la identidad regional que ya suma más de dos décadas de historia. Mary señaló que “llevamos más de 20 años acampando en este lugar; nosotros informamos a la Gobernación Marítima y a la Municipalidad sobre nuestra presencia y nos regulamos para mantener el sector en buenas condiciones”.
Por su parte, la autoridad encargada de la jurisdicción costera aclaró el complejo marco legal bajo el cual conviven estas costumbres locales con la normativa nacional vigente. Cristián Concha, Capitán de Puerto de Iquique, enfatizó que “no hay autorizaciones explícitas y tampoco hay autorizaciones para que estas personas acampen en los lugares; se entiende la realidad de lo que ocurre porque ha sido algo que se ha realizado durante el tiempo”.
La labor de la Armada se ha centrado en la prevención de incivilidades y en garantizar que la saturación de carpas no impida el uso público del borde costero. El capitán de Puerto de Iquique, subrayó que se constituyen permanentemente en el área para “no permitir que personas no puedan llegar libremente hacia el sector costero”, confirmando además que, pese al alto flujo de personas, no existen denuncias formales por prohibición de acceso en Palo Buque.
Finalmente, el debate pone de relieve la heterogeneidad de Chile, donde las realidades geográficas y las carencias de infraestructura recreativa formal obligan a los ciudadanos a organizar su propio esparcimiento. Mientras la Capitanía de Puerto reafirmó que mantendrá la vigilancia para evitar el colapso del espacio, los vecinos agrupados en el Centro Cultural insisten en que el respeto mutuo y la limpieza del entorno son las claves para que esta tradición nortina pueda proyectarse por otros 20 años más.








