InternacionalNoticias

EL INFIERNO SE APAGA EN CARACAS: EL HELICOIDE, LA CÁRCEL SÍMBOLO DE REPRESIÓN EN VENEZUELA, LLEGA A SU FIN

En un giro histórico que muchos creían imposible, la temida prisión de El Helicoide, conocida mundialmente como el centro de torturas y represión política del régimen chavista, será cerrada oficialmente por el Gobierno venezolano. La presidenta interina, Delcy Rodríguez, anunció su clausura junto con una amnistía general para presos políticos, marcando uno de los cambios más significativos en décadas en la convulsionada historia política de Venezuela.

De utopía arquitectónica a símbolo de horror

El Helicoide no siempre fue una cárcel. Concebido en la década de 1950 como un centro comercial futurista con tiendas, helipuerto y hotel, su estructura helicoidal —con más de 60.000 m²— fue proyectada como una obra maestra de diseño moderno que recorrería Caracas con rampas y espacios públicos.

Pero ese sueño se truncó. La construcción nunca cumplió su propósito original y, con el paso de los años, fue transformado en un centro de detención política, sede de la inteligencia estatal y, sobre todo, una cárcel temida por su brutal trato a los opositores al régimen.

Durante años, El Helicoide fue asociado por organismos internacionales con violaciones sistemáticas de derechos humanos, torturas, hacinamiento, tratos inhumanos y desapariciones. La Misión Internacional Independiente de Determinación de los Hechos de la ONU documentó reiterados casos de abuso, mientras ONG como Foro Penal denunciaban condiciones degradantes y muertes bajo custodia, como la de opositores de alto perfil.

Un cierre ligado a una amnistía y a la presión internacional

El anuncio de cierre fue uno de los puntos centrales de una reunión solemne en el Tribunal Supremo de Justicia de Venezuela, donde Delcy Rodríguez reveló no solo la medida, sino también una ley de amnistía general que cubriría casos de violencia política desde 1999 hasta la actualidad.

Rodríguez aseguró que la amnistía está diseñada para “sanar las heridas del conflicto político” y promover la convivencia nacional. Como parte de ese proceso, propuso convertir El Helicoide en un centro social, cultural, deportivo y comunitario, lejos de su pasado represivo.

La iniciativa se produce en un contexto político explosivo: hace menos de un mes, el expresidente Nicolás Maduro fue capturado por fuerzas estadounidenses, y desde entonces el gobierno interino ha liberado a cientos de presos. Las cifras oficiales sobre liberaciones varían ampliamente —el régimen habla de más de 800 excarcelaciones, mientras que ONGs estiman que aún hay más de 700 presos políticos en el país— lo que mantiene viva la presión por una reforma profunda.

Historias de horror y testimonios desde el interior

El Helicoide fue más que un nombre en los titulares; fue el “infierno en la tierra” para muchos disidentes encarcelados. Exinternos describieron condiciones inhumanas: celdas oscuras, hacinamiento, falta de atención médica, torturas físicas y psicológicas, golpes, descargas eléctricas y tratos degradantes.

Opositores prominentes, activistas y líderes políticos fueron detenidos allí bajo cargos controvertidos, muchos acusados de conspiración o traición sin pruebas claras, según defensores de derechos humanos. El caso del opositor Fernando Albán, quien murió en la prisión en circunstancias disputadas, y del general Raúl Isaías Baduel, cuya muerte también generó sospechas, son símbolos de la opacidad y brutalidad del Estado en ese lugar.

Críticas, escepticismo y heridas aún abiertas

Aunque el cierre de El Helicoide ha sido celebrado por activistas y familiares de prisioneros, muchos advierten que el anuncio no garantiza justicia total ni libertad plena. Organizaciones como Foro Penal han alertado que numerosos excarcelados siguen bajo medidas restrictivas, vigilancia o con cargos pendientes que limitan su libertad de expresión y su derecho a la vida civil.

Además, la omisión de un plazo claro para el cese definitivo de las operaciones penitenciarias y la transformación física del edificio genera dudas. Para muchos críticos, este anuncio forma parte de un proceso político más amplio que busca legitimar un nuevo marco de transición, marcando un punto de inflexión después de años de acusaciones de represión y violaciones de derechos humanos.

El último capítulo de un símbolo de represión

El cierre de El Helicoide representa más que el final de una prisión: es un símbolo del colapso de un mecanismo de represión estatal que operó durante décadas bajo distintos gobiernos chavistas y que se convirtió en un referente internacional de violaciones a los derechos humanos.

Mientras Venezuela transita entre la amnistía, la liberación parcial de presos políticos y la presión internacional, la transformación de este gigante de concreto —de prisión a centro social— podría significar el cierre de un capítulo oscuro en la historia contemporánea del país.

Pero la pregunta que muchos venezolanos y observadores internacionales se hacen hoy es esta:
¿el cierre del Helicoide será el comienzo de una verdadera reconciliación o solo un gesto simbólico en un juego político mucho más grande?

Belén Pavez G., Periodista y Locutora. Licenciada en Comunicación Social. Productora general y Directora de prensa en Vilas Radio. Música y Cat lover.

Artículos relacionados

Botón volver arriba
🔴 En vivo