
Cada tres días se abre la pesada puerta de Pino Oregón y debe subir por los estrechos peldaños hasta llegar a la parte más alta de la torre de la Plaza Prat. Allí comienza la magia de las manos del iquiqueño Hermes Valverde, el único que puede darle vida al reloj que corona el corazón de la ciudad. Con 81 años recién cumplidos, este maestro restaurador se mantiene como el último eslabón de una tradición que se niega a desaparecer, custodiando un mecanismo con más de un siglo de historia.
Para este veterano iquiqueño, su labor va más allá de un simple oficio; es una misión de rescate del patrimonio local que ha liderado por más de cinco décadas. Hermes Valverde, relojero señaló que: “Todo lo que se hace en reparación de ese reloj es exclusivamente desde el punto de vista de la restauración, para mantener las líneas originales. Estaba en muy malas condiciones cuando lo recibí, incluso vivían gallinazos dentro, pero a través del tiempo se ha ido mejorando para bien”.

El mantenimiento de esta pieza de ingeniería británica de finales del siglo XIX requiere de una precisión quirúrgica y un esfuerzo físico constante. Actualmente, el reloj funciona mediante un sistema de contrapesos de bronce fosfórico que deben ser activados manualmente cada 72 horas. El relojero precisó: “Originalmente se le daba cuerda cada diez días, pero tras la restauración de la plaza y la construcción del subterráneo, se tapó el túnel de los contrapesos y ahora solamente tiene autonomía por tres días”.
A pesar de los desafíos técnicos y la falta de repuestos originales, la pasión de Valverde por su ciudad lo impulsa a seguir escalando los 20 metros de la torre. El relojero, quien también es responsable de mantener activo el reloj de la salitrera Santiago Humberstone, se emociona al recordar el valor social de estas máquinas. Hermes Valverde, Relojero y Restaurador, sostuvo: “El reloj de la plaza le da un estatus a la ciudad y tiene un carácter social; antes la comunidad se reunía en torno a él para tener la hora porque era muy caro tener un reloj propio”.
Su conocimiento no solo se limita a los engranajes, sino que se extiende a la rica historia de Iquique, desmitificando leyendas urbanas con la seguridad de quien conoce cada rincón del monumento. Hermes Valverde, advirtió: “Es una mentira tremenda que Arturo Prat pasó por debajo de la torre antes de embarcarse; eso lo inventó alguien que se cree historiador, pero es una brutalidad que no es cierta”.

Incluso con los achaques propios de la edad, su compromiso con el patrimonio iquiqueño es inquebrantable, esperando siempre las autorizaciones municipales para realizar mejoras definitivas en las campanas fundidas en Alsacia. Hermes Valverde, Relojero y Restaurador, puntualizó: “Cuando me muera, por favor, no se olviden de enterrarme envuelto en la bandera chilena y la bandera de España”.







