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EL FIN DE LA CULTURA DEL DESECHABLE: CHILE APRIETA EL ACELERADOR CONTRA EL PLÁSTICO

El reglamento que hace operativa la Ley 21.368 ya fue publicado en el Diario Oficial y establece plazos, exigencias técnicas y obligaciones concretas para restaurantes, supermercados, fabricantes e importadores, con el objetivo de reducir drásticamente el uso de plásticos de un solo uso y aumentar el reciclaje y la retornabilidad en Chile.

Este 7 de enero, en una publicación que marca un antes y un después, el Diario Oficial encendió la luz verde definitiva a una de las transformaciones ecológicas más ambiciosas de las últimas décadas: la entrada en vigencia del reglamento que da vida operativa a la Ley 21.368, norma que busca poner freno al uso indiscriminado de plásticos de un solo uso y rediseñar el futuro de las botellas plásticas en Chile.

No se trata de un simple ajuste administrativo. Es, en los hechos, un cambio de paradigma.

UNA LEY QUE DEJA EL PAPEL Y BAJA A LA CALLE

Hasta ahora, la Ley 21.368 existía como un marco general. Desde hoy, con su reglamento aprobado por el Ministerio del Medio Ambiente, la norma adquiere dientes, plazos, exigencias concretas y fiscalización real.

Restaurantes, supermercados, fabricantes, importadores y comercializadores ya no pueden mirar al techo: las reglas están claras y los plazos corren.

Chile, uno de los países con mayor consumo de plásticos de un solo uso en la región, genera más de 23 mil toneladas de este tipo de residuos cada año, una parte significativa de los cuales termina flotando en playas, quebradas y océanos. Esa imagen —la de un país rodeado de basura— es precisamente la que esta ley busca borrar.

ADIÓS AL PLÁSTICO EN LA MESA

Uno de los cambios más visibles llegará a los locales de expendio de alimentos.

Desde ahora, cuando el consumo sea dentro del establecimiento, queda prohibida la entrega de productos desechables, sin importar el material. Nada de vasos, bombillas, cubiertos ni envases de usar y botar.

¿Y para llevar?:
Ahí la ley abre una puerta, pero estrecha: solo se permitirán productos reutilizables, compostables o plásticos certificados, es decir, aquellos que cumplan exigentes estándares ambientales y cuenten con certificación oficial.

PLÁSTICO, PERO CON APELLIDO

El reglamento introduce una figura clave: el “plástico certificado”.

No basta con decir que es “eco” o “biodegradable”. Para obtener ese sello, el producto deberá:

  • Ser compostable en condiciones domiciliarias o industriales.
  • Descomponerse en menos de un año.
  • Contener al menos un 20% de materias primas de origen renovable.
  • Estar respaldado por informes técnicos verificados por entidades acreditadas.

Además, estos productos deberán llevar rotulado visible, ser claramente distinguibles y permitir que cualquier ciudadano pueda consultar su certificación en línea.

La transparencia deja de ser voluntaria: pasa a ser obligatoria.

BOTELLAS QUE YA NO PUEDEN SER DESECHABLES EN EL FONDO

El golpe más fuerte lo reciben las botellas plásticas. El reglamento establece una hoja de ruta clara y progresiva para que estas incorporen plástico reciclado recolectado dentro del país, con metas que aumentan con los años:

  • 15% desde 2025
  • 25% al 2030
  • 50% al 2040
  • 60% al 2050
  • 70% desde 2060

Nada queda al azar: cada botella deberá contar con trazabilidad, número de lote y un código QR, que permitirá al consumidor saber exactamente de qué está hecha y si cumple o no la normativa.

EL RETORNO DE LO RETORNABLE

Los supermercados también entran en escena.
La ley obliga a que al menos un 30% de las botellas exhibidas sean retornables, empujando un modelo que durante años fue desplazado por la comodidad del desechable.

No es una sugerencia. Es una exigencia medible, fiscalizable y sancionable.

CIUDADANOS CON PODER DE VIGILANCIA

Otro cambio silencioso, pero clave: la ciudadanía podrá denunciar incumplimientos.

Todos los certificados otorgados por el Ministerio del Medio Ambiente serán públicos y accesibles en plataformas digitales, fortaleciendo el control social y la fiscalización comunitaria.

Además, el Estado deberá desplegar programas de educación ambiental, con foco especial en niñas, niños y adolescentes, para que el cambio no sea solo normativo, sino también cultural.

NO ES INMEDIATO, PERO ES IRREVERSIBLE

El reglamento contempla plazos de adaptación, certificaciones diferidas y etapas transitorias para permitir que la industria se ajuste. Pero el mensaje es inequívoco:
el modelo del plástico desechable tiene fecha de caducidad.

UN CAMBIO QUE NO SE VERÁ SOLO EN LAS LEYES

Lo que hoy aparece en el Diario Oficial, mañana se reflejará en vitrinas, mesas, ferias, supermercados y hábitos cotidianos.

Chile comienza, formalmente, a cerrar la llave de un problema que por décadas se escondió bajo la alfombra… o bajo la arena.

El desafío ahora no es solo cumplir la norma, sino hacerla parte de la vida diaria. Porque el plástico no desaparece solo, pero las decisiones, cuando se toman en serio, sí pueden cambiar la historia.

Belén Pavez G., Periodista y Locutora. Licenciada en Comunicación Social. Productora general y Directora de prensa en Vilas Radio. Música y Cat lover.

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