
Lo que para algunos es expresión artística, para otros es un escándalo financiado con impuestos: el respaldo del Ministerio de las Culturas a un festival de cine para adultos abrió una grieta política y social que hoy remece al Gobierno, al Congreso y al debate sobre qué tipo de cultura debe financiar el Estado chileno.
Lo que debía ser una celebración del cine independiente se transformó en el primer gran escándalo cultural del año. En redes sociales y en el Congreso, se desató una fuerte polémica luego que se conociera que el Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio adjudicara recursos públicos a un evento cinematográfico centrado en cine para adultos y sexualidades alternativas, encendiendo la furia de sectores conservadores, legisladores de oposición e incluso ciudadanos que acusan un uso “indecente” de fondos fiscales.
¿Qué festival desató la tormenta?
El foco de la controversia es la “Excéntrico – 8° Muestra Internacional de Cine y Placeres Críticos”, un festival que exhibe obras de cine para adultos, pornografía crítica, material explícito y cine que explora el deseo, el cuerpo y las sexualidades no hegemónicas. La muestra se ha desarrollado desde 2019 en ciudades como Valparaíso y Santiago y ha atraído tanto atención cultural como cuestionamientos públicos.
Según listados oficiales disponibles del Fondo de Fomento Audiovisual del Ministerio de las Culturas, este festival fue incluido entre los proyectos adjudicados para 2025, con un financiamiento de $64.920.700 otorgado por concurso público.
Claves de la polémica
La divulgación de esta información provocó una ola de críticas, especialmente desde sectores políticos que acusan al Gobierno de usar recursos de todos los chilenos en contenido explícito para adultos, algo que para muchos “no tiene cabida en los fondos culturales”.
El diputado Gustavo Benavente (UDI) fue uno de los más duros:
“Esto confirma que el Ministerio de las Culturas se transformó en una institución sin ningún tipo de prioridades relevantes para el país. Es un Ministerio que gasta la plata de todos los chilenos en temas de nicho, ideológicos y sin entender el concepto de cultura en términos amplios para la población en general. Para ver pornografía no se deben ocupar los impuestos de los chilenos”, afirmó el parlamentario.
En la misma línea, el diputado Alejandro Bernales (PR) señaló que los fondos públicos deben destinarse a proyectos “que beneficien a la mayoría de la población” y no a actividades que podrían “desprestigiar” los mecanismos de financiamiento estatal.
Respuesta oficial del Ministerio
Frente a la oleada de críticas, desde el Ministerio de las Culturas defendieron la adjudicación. La Subsecretaría de las Culturas y las Artes sostuvo que el evento fue seleccionado “mediante un proceso público, regulado por bases y normativa vigente, y revisado por una comisión integrada por evaluadores externos”.
Además, aclararon que la adjudicación del fondo no implica respaldo ni aprobación de contenidos, los cuales son responsabilidad de los organizadores, y que la evaluación técnica consideró criterios artísticos y culturales, no morales ni ideológicos.
La autoridad agregó que, dentro de sus diversas líneas de financiamiento —que para 2025 se reforzaron significativamente con un presupuesto histórico aprobado por el Congreso— se encuentran iniciativas de distinto tipo, desde cine regional hasta programas de educación artística y circulación de obras audiovisuales.
Festival bajo la lupa
“Excéntrico” no es un proyecto amateur. La muestra contó con 89 obras de 15 países, se desarrolló en múltiples espacios culturales como el Cine Insomnia y el Parque Cultural de Valparaíso, e incluyó conversatorios gratuitos y actividades formativas en torno al cine explícito y la reflexión sobre sexualidades.
Para sus defensores, se trata de un espacio legítimo de debate cultural que cuestiona estigmas y amplía las narrativas tradicionales del cine. Para sus críticos, en cambio, es un ejemplo de “mal uso” de recursos estatales que, según ellos, deberían ir prioritariamente a educación, patrimonio, cultura tradicional o cine familiar.
¿Qué está en juego?
La polémica no se limita a una discusión moral: también ha sido utilizada por la oposición para cuestionar el sistema de financiamiento cultural del Estado. Algunos parlamentarios han anunciado que llevarán el caso a la Comisión de Cultura del Congreso para revisar los criterios de adjudicación y evaluar posibles ajustes normativos que impidan que proyectos de contenido sexual explícito accedan a fondos públicos.
Además, la controversia llega en un momento de debate presupuestario para 2026, cuando el Estado ha destinado cuantiosos recursos a la cultura —incluido el polémico Pase Cultural que ha enfrentado sus propias críticas por ejecución e impacto— y se discute si la inversión está alineada con las prioridades de la ciudadanía.
¿Cultura o provocación?
Para organizaciones culturales, la polémica también abre una discusión más profunda sobre los límites del arte y la financiación pública. Argumentan que la cultura debe abarcar una amplia gama de expresiones, incluso aquellas que incomodan o desafían normas sociales. Para sectores más conservadores, financiar contenido sexual explícito es un exceso que “desvirtúa” el rol del Estado en apoyar la cultura.
La pregunta que ahora flota en las esferas políticas y sociales es inevitable:
¿Debe el Ministerio de las Culturas financiar todo lo que puede ser arte, o existen líneas rojas para la moral pública cuando se trata de dinero de todos los chilenos?







