
El amanecer en el altiplano ya no suena igual. Donde antes reinaba el zumbido suave del viento entre los totorales, ahora flota un silencio espeso, casi desconfiado. Es el eco de un desastre. Un bofedal que parecía eterno intenta, a 4.500 metros de altura, sacudirse del aceite que se incrustó en su piel. Y los expertos han sido tajantes: la herida no sanará pronto… ni siquiera cerca. La restauración podría tardar más de 50 años, según advirtió el biólogo Freddy Medina, citado por Radio ADN.
El Consejo Regional de Arica y Parinacota se reunió en una sesión marcada por la crudeza de los datos. En la Comisión de Medio Ambiente, representantes del Ministerio del Medio Ambiente, Conaf, Senapred y equipos técnicos revisaron los avances tras el derrame de más de 21 mil litros de aceite de soya en un sector adyacente al Lago Chungará, dentro de la Reserva Nacional Lauca.
Lo que encontraron no fue alentador.
El contaminante no se quedó en la superficie: el bofedal lo absorbió, lo que —según coincidieron especialistas— convierte el proceso de remediación en una tarea monumental.
“El aceite pasó a formar parte de los organismos vivos del bofedal (…) Esto podría fácilmente continuar este impacto 50 años”, advirtió Medina en declaraciones recogidas por ADN. Y remató con un dato que heló la sala: “De aquí a 2.000 años, con la tecnología de hoy, podríamos saber que este desastre ocurrió”.
La frase no era solo una advertencia científica; era una sentencia histórica.
Un ecosistema atrapado en cámara lenta
El altiplano no perdona. A esa altitud, explicó el equipo técnico, los procesos naturales de regeneración son extremadamente lentos. La radiación, el frío extremo y la escasez de oxígeno retrasan cualquier actividad biológica, por lo que el ecosistema —ya castigado— tendrá mucho más que enfrentar.
Además, el derrame afectó tejido ecológico vital: no solo agua, sino material orgánico acumulado por siglos, convertido hoy en un archivo contaminado.
Por eso, los especialistas insistieron en la necesidad de incorporar medidas de compensación ambiental, no solo limpieza.
Consejeros exigen medidas urgentes: desde zona de catástrofe hasta un hospital de fauna
El desastre encendió alarmas políticas. Consejeros regionales pidieron declarar zona de catástrofe, activar gestiones diplomáticas a través de Cancillería e incluso habilitar un hospital de campaña para atender a la fauna altiplánica que ya muestra signos de afectación: aves con plumaje grasoso, vizcachas huidizas, insectos que desaparecieron de golpe.
La preocupación es transversal:
– sin intervención profunda, el bofedal podría perder funciones ecológicas fundamentales,
– y sin recuperación, el Lago Chungará —uno de los espejos de agua más emblemáticos del país— podría tardar décadas en volver a lo que era.
Un derrame que quedará registrado por siglos
El saldo, por ahora, es sombrío. El aceite se mezcló con la vida microscópica del bofedal; se volvió parte del paisaje, pero en su peor versión. Y los especialistas lo dijeron sin rodeos: este desastre no solo quedará en los informes, sino en la memoria biológica del lugar por siglos, como subrayó Medina a ADN.
En el altiplano, el viento sigue soplando, pero el ecosistema, herido en su fundamento, tendrá que luchar durante generaciones para volver a respirar limpio.







