
Bajo un ambiente de profunda devoción y raigambre cultural, las comunidades de la Quebrada de Tarapacá conmemoraron la Epifanía del Señor entre el 3 y el 6 de enero. La festividad, que marca la manifestación de Jesús al mundo, movilizó a cientos de fieles en un recorrido de fe que unió a diversos pueblos del interior, consolidando una vez más la identidad religiosa que caracteriza a los habitantes de la Provincia del Tamarugal.
Es así como el padre Benito Tapia Espinoza, párroco de la zona, señaló que el acompañamiento a los fieles es esencial para mantener vivas estas tradiciones centenarias.

En esa línea el sacerdote presidió las Eucaristías, procesiones y los solemnes momentos de oración que definieron las jornadas de fiesta, destacando la participación de los vecinos en cada rito litúrgico destinado a honrar la llegada del Niño Dios.
La denominada «Fiesta de Pastores» tuvo sus puntos más altos en la localidad de Quillaguasa, donde el Niño Dios es venerado como patrono, además de celebraciones simultáneas en Huarasiña y el histórico pueblo de Tarapacá, específicamente en el Santuario de San Lorenzo.
En estos parajes, el sonido de los cánticos y las danzas de los bailes de pastores llenaron de vida las calles, rindiendo homenaje al «Emanuelito» a través de una herencia cultural transmitida por generaciones.

Finalmente, el presbítero, destacó que estas expresiones son un testimonio vivo de una fe arraigada en el territorio. Las procesiones y misas permitieron a los comuneros renovar su sentido comunitario, fortaleciendo los lazos entre los pueblos que habitan la quebrada. La festividad concluyó con un balance positivo, destacando el resguardo de las costumbres locales y la alegría por la manifestación del Señor en cada rincón del desierto.







