
La PAES 2025 dejó en Tarapacá algo más que cifras: dejó nombres, historias y trayectorias que contrastan con un escenario nacional marcado por la desigualdad. Mientras los rankings vuelven a estar dominados casi por completo por colegios particulares pagados —con 99 de 100 establecimientos en el “top 100” y 66 concentrados en la Región Metropolitana—, en el norte del país jóvenes de liceos públicos y coadministrados demostraron que el talento existe, aunque el sistema no siempre lo refleje.
Yeimy Rajido, Danilo Mamani, Dilan Muñoz Brito y Luciano Palape son parte de esa generación que destacó desde Tarapacá sin aparecer en los rankings nacionales. Sus resultados no encabezan listados institucionales, pero sí consolidan historias de esfuerzo que desafían la lógica de un modelo educativo profundamente centralizado y segmentado.
LOGROS QUE NACEN FUERA DEL RANKING
En el Liceo Bicentenario Minero Juan Pablo II de Alto Hospicio, la noticia se celebró con orgullo: Yeimy Rajido y Danilo Mamani obtuvieron 1.000 puntos en Matemática, marcando por tercer año consecutivo un puntaje máximo para el establecimiento. Ambos egresaron con promedio 7,0, confirmando una trayectoria de alto rendimiento sostenida en el tiempo.
Yeimy atribuye su resultado a la organización, la constancia y el apoyo docente, proyectando su futuro en el área de la Ingeniería Civil. Danilo, oriundo de la comunidad de Caraguano, en Colchane, reconoció que el puntaje superó sus expectativas: su meta inicial estaba en Ciencias, pero el resultado reafirmó su vocación por estudiar Medicina, un sueño que hoy ve más cercano.
A estos logros se suma Dilan Muñoz Brito, del Liceo Emblemático Libertador Bernardo O’Higgins, quien también alcanzó 1.000 puntos en Matemática M1 y recibió la Distinción a la Trayectoria Educativa. Su historia trascendió el ámbito académico tras una entrevista en Vilas Radio, donde habló sin discursos preparados: promedio 7,0, 100% de asistencia durante todo el año y una disciplina que, según sus propias palabras, “no se negoció nunca”.
Criado en la población Jorge Inostroza, Dilan relató un entorno donde no abundan los referentes académicos y donde muchos jóvenes abandonan temprano los estudios. En ese contexto, el respaldo familiar fue clave. Hoy proyecta estudiar Ingeniería Civil Química, transformándose en un referente para otros estudiantes de la educación pública.
Desde Pica, el buen desempeño también se hizo notar. Luciano Palape, del Liceo Bicentenario Padre Alberto Hurtado Cruchaga, alcanzó 975 puntos en Matemática, resultado que le permite postular a Ingeniería en Minas. Su preparación constante, la participación en instancias como las Olimpiadas de Matemáticas y el acompañamiento docente fueron determinantes.
CUANDO EL MÉRITO NO BASTA
Estos logros individuales contrastan con el panorama nacional. El ranking PAES 2025 volvió a evidenciar que la excelencia institucional sigue concentrada en colegios particulares pagados, principalmente en la Región Metropolitana. Regiones completas —como Tarapacá, Arica, Atacama y Aysén— no registran establecimientos en el top 100, pese a contar con estudiantes que alcanzan puntajes máximos y distinciones nacionales.
La paradoja es evidente: la educación pública sí forma estudiantes de alto rendimiento, pero ese talento no se traduce en posiciones de privilegio en rankings que miden promedios y no contextos. En este escenario, sobresalir desde un liceo público no es la norma, sino la excepción, y suele depender más del esfuerzo personal, el apoyo familiar y comunidades educativas comprometidas que de un sistema equitativo.
Desde el SLEP Iquique y Fundación Collahuasi, coadministradora de varios de estos establecimientos junto a SNA Educa, han subrayado que estos resultados son fruto de un trabajo sostenido y colaborativo. Sin embargo, los datos nacionales obligan a una reflexión más profunda: el mérito individual no puede seguir compensando las brechas estructurales.
Así, la PAES 2025 deja un mensaje doble. Por un lado, Tarapacá celebra a jóvenes que abren caminos y amplían horizontes desde contextos muchas veces adversos. Por otro, el país vuelve a enfrentar una pregunta incómoda: ¿Cuántos talentos quedan invisibles cuando la calidad educativa sigue dependiendo del territorio y del tipo de colegio?







