
Chile se consolida como polo astronómico global con el inicio del CTAO en Paranal, el primer observatorio de rayos gamma del hemisferio sur, diseñado para captar destellos de radiación Cherenkov y avanzar en la investigación de partículas cósmicas de muy alta energía.
En lo más profundo del desierto de Atacama, bajo uno de los cielos más limpios, oscuros y silenciosos de la Tierra, se encendió una nueva luz para la humanidad: la construcción del Cherenkov Telescope Array Observatory (CTAO), el mayor observatorio de rayos gamma jamás concebido. Este colosal proyecto científico, impulsado por la European Southern Observatory (ESO) junto a científicos de más de 30 países, coloca a Chile en el centro del mapa astronómico mundial.
La ceremonia oficial de colocación de la primera piedra del CTAO-Sur, celebrada en Paranal —el mismo lugar donde ya se alzan gigantes como el Very Large Telescope (VLT) y muy cerca del futuro Extremely Large Telescope (ELT)— marcó el inicio de una aventura cósmica sin precedentes.
Un gigante silencioso bajo los cielos de Atacama
No se trata de un solo instrumento, sino de una red de decenas de telescopios trabajando en conjunto para sondear los rincones más extremos del universo. En conjunto, más de 60 telescopios formarán el CTAO, distribuidos entre hemisferios norte y sur; el corazón de la instalación del sur se está construyendo en Chile.
Esta infraestructura jamás vista tiene como propósito capturar rayos gamma de muy alta energía, partículas que no pueden ser observadas directamente en la superficie porque interactúan con la atmósfera de la Tierra. Cuando un fotón gamma impacta la atmósfera, desencadena una cascada de partículas que emiten una luz azul extremadamente fugaz, conocida como radiación de Cherenkov. El CTAO está diseñado para cazar esos destellos mili‑milmillonésimos de segundo después de ocurridos.
Los telescopios serán capaces de detectar energía en un rango que va desde 20 gigaelectronvoltios (GeV) hasta 300 teraelectronvoltios (TeV), miles de millones de veces más energético que la luz visible. Esto permitirá observar fenómenos del universo que son extraordinariamente violentos y enigmáticos, como agujeros negros supermasivos, estrellas de neutrones, estallidos de supernovas y hasta señales que podrían estar asociadas a la materia oscura.
Un proyecto global con impacto científico universal
El CTAO no es una iniciativa local: es un esfuerzo internacional que busca responder algunas de las preguntas más profundas que la ciencia contemporánea se ha planteado. Además, será el primer observatorio de rayos gamma operativo en el hemisferio sur, complementando su contraparte en el hemisferio norte, situado en el Observatorio del Roque de los Muchachos, en La Palma, Islas Canarias.
Según los impulsores del proyecto, el observatorio no solo fortalecerá el liderazgo científico de Chile sino que también ampliará el entendimiento humano sobre el universo: cómo nacen y mueren las estrellas, cómo funcionan los aceleradores naturales de partículas más potentes que cualquier máquina terrestre, y si es posible descubrir evidencia directa de materia oscura, una de las grandes incógnitas de la física moderna.
Del desierto al cosmos: tiempos, tecnología y datos
La meta es ambiciosa: los primeros telescopios del CTAO-Sur podrían comenzar a funcionar antes de fines de 2026, apenas un año después del inicio de obras.
El observatorio también será un gigante de datos. Se espera que genere cientos de petabytes cada año, convirtiéndose en un proyecto de Big Data astronómico cuya información —eventualmente abierta a la comunidad científica global— impulsará investigaciones durante décadas.
A nivel técnico, el CTAO utilizará tres clases de telescopios —grandes, medianos y pequeños— para cubrir extensos rangos de energía, empleando espejos gigantes, cámaras ultrarrápidas capaces de capturar mil millones de fotogramas por segundo y detectores tan sensibles que podrán observar incluso bajo luz de luna.
Mucho más que una construcción: una ventana hacia lo desconocido
Este observatorio no solo ampliará la mirada de la humanidad hacia el universo profundo, sino que fortalecerá la posición de Chile como capital global de la astronomía bajo cielos únicos en el planeta. Los cielos prístinos del norte chileno —libres de contaminación lumínica y con aire extremadamente seco— siguen siendo un imán para los grandes proyectos científicos internacionales.
En un terreno que parece detenido en el tiempo, donde la tierra rojiza de Atacama apenas murmura bajo el sol, se erigen ahora los cimientos de una nueva era de exploración cósmica. Aquí, en este rincón del mundo, la ciencia humana apunta hacia arriba con una ambición sin límites, dispuesta a captar los susurros más silenciosos del universo.
Porque si el cielo es un libro infinito, el CTAO escribirá con luz azulada las próximas páginas de nuestra comprensión del cosmos.







