
El tráfico aéreo en Chile continúa en terreno negativo y tiene en el norte del país, particularmente en Iquique, uno de sus principales focos de caída. Durante febrero de 2026, el flujo total de pasajeros registró una disminución de 0,7%, alcanzando 2,6 millones de viajeros, en un contexto marcado por la baja sostenida de los vuelos nacionales.
Según datos de la Junta Aeronáutica Civil (JAC), el segmento doméstico sigue siendo el más afectado, acumulando ya una tendencia prolongada a la baja.
IQUIQUE ENTRE LAS RUTAS MÁS GOLPEADAS
El informe identifica a las conexiones entre Santiago y ciudades del norte grande como las más impactadas, destacando el caso de Iquique. Estas rutas fueron clave en la caída de 4,6% del tráfico nacional, que en febrero totalizó 1.462.813 pasajeros.
La conexión Santiago–Iquique aparece entre las que más incidieron en el retroceso, reflejando una menor demanda en una zona fuertemente ligada a la actividad minera y al turismo. Además, otras rutas interregionales vinculadas al norte también mostraron descensos, lo que confirma un escenario complejo para la conectividad aérea en esta macrozona.
REPUNTE INTERNACIONAL NO COMPENSA IMPACTO LOCAL
En contraste, los vuelos internacionales mostraron cifras positivas, con un crecimiento de 4,5% en febrero, alcanzando más de 1,1 millones de pasajeros y anotando su mejor desempeño en seis meses.
Sin embargo, este aumento no logra compensar la fuerte caída del tráfico doméstico, donde ciudades como Iquique tienen un peso relevante en la operación aérea nacional.
En lo que va del año, el transporte aéreo acumula una baja de 1,7%, arrastrado principalmente por el segmento interno, que presenta una contracción de 5,6%. Desde el Gobierno destacaron el dinamismo del mercado internacional, pero el escenario interno sigue generando preocupación, especialmente en regiones del norte.
En este contexto, la disminución del flujo aéreo hacia y desde Iquique se posiciona como uno de los factores clave en el debilitamiento del sector, evidenciando desafíos tanto para la conectividad regional como para actividades económicas estratégicas como el turismo y la minería.







