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C20+: LA AUTOPISTA DEL AGUA QUE SUBE DESDE EL MAR PARA SALVAR EL COBRE DE TARAPACÁ

Con una inversión de US$1.000 millones, Collahuasi impulsa el proyecto C20+, una mega infraestructura hídrica que permitirá producir más cobre en Tarapacá mediante desalación marina, sin utilizar agua continental y asegurando la continuidad operacional por los próximos 20 años.

El viaje comienza en el océano y termina casi tocando el cielo. Son 195 kilómetros de tuberías, cinco estaciones de bombeo y una subida que desafía la lógica: 4.400 metros sobre el nivel del mar, en pleno corazón de la cordillera. Allí, donde el agua dulce no existe y la minería depende de cada gota, Collahuasi está apostando su futuro a un megaproyecto que redefine cómo producir cobre en el desierto más árido del planeta.

Se llama C20+, una sigla que encierra mucho más que ingeniería. Es la respuesta de la minería chilena a una presión creciente: producir más cobre sin tocar las cuencas continentales, en un contexto de escasez hídrica estructural y de mercados internacionales cada vez más exigentes con el origen de los recursos.

El cobre del futuro ya no depende de ríos

El mundo quiere más cobre. Mucho más. La electrificación, la transición energética y la descarbonización empujan una demanda que, según proyecciones de organismos internacionales como la UNCTAD, crecerá más de 40% hacia 2040. Chile tiene el mineral, pero no el agua.

En la Región de Tarapacá, donde los acuíferos están al límite, la ecuación es simple y brutal: sin agua, no hay continuidad operacional. Y sin continuidad, la competitividad se derrumba.

Ahí entra en escena el Proyecto Desarrollo de Infraestructura y Mejoramiento de Capacidad Productiva de Collahuasi, conocido como C20+, una iniciativa de US$1.000 millones diseñada para extender la vida de la operación por al menos 20 años, sin recurrir a fuentes de agua continental.

Una planta desaladora que cambia las reglas del juego

El corazón del proyecto late en la costa. En el sector de Patache, Collahuasi levanta una planta desaladora de gran escala, capaz de producir 1.050 litros de agua por segundo mediante ósmosis inversa. No se trata solo de desalar, sino de hacerlo con estándares industriales de alta confiabilidad, en un entorno marino complejo.

La obra —encargada a ACCIONA— incluye captación marina, pretratamiento, procesos de desalación, postratamiento y sistemas de control avanzados. Todo pensado para asegurar un suministro constante, independiente de sequías, ciclos climáticos o restricciones regulatorias sobre aguas continentales.

En la industria minera, el agua ya no es un insumo más. Es, como han señalado desde la propia compañía, tan crítica como la energía. Y también un factor reputacional: producir cobre presionando ríos o acuíferos hoy puede traducirse mañana en castigos comerciales o cuestionamientos ambientales.

Del mar a la cordillera: una obra que desafía la geografía

Si la desaladora es el corazón, la impulsión es el sistema circulatorio. Desde la costa, el agua desalada inicia un ascenso monumental por 195 kilómetros de ductos, cruzando quebradas, desierto y cordillera hasta alcanzar la faena minera, ubicada a 4.400 metros de altura.

La construcción de este sistema —a cargo de Techint Engineering & Construction— no es solo un desafío técnico, sino estratégico. Cada pendiente, cada metro de trazado influye en los costos, el consumo energético y la seguridad operacional.

Para optimizar el diseño, se utilizaron modelos topográficos 3D, simulaciones hidráulicas avanzadas y estudios detallados de suelos, buscando reducir la cantidad de estaciones de bombeo y, con ello, el CAPEX y los riesgos de operación.

Un hito clave ya está en marcha: cinco estaciones de bombeo han sido energizadas, permitiendo iniciar pruebas hidráulicas y acercando el sistema a su puesta en operación.

Tecnología para sobrevivir en condiciones extremas

El agua que sube desde el mar viaja por una infraestructura diseñada para resistir salinidad, altas presiones, temperaturas extremas y corrosión. Las tuberías de acero cuentan con recubrimientos especiales, mientras que las estaciones de bombeo operan con equipos de alta eficiencia y variadores de frecuencia.

Todo el sistema está integrado a plataformas SCADA, sensores IoT y esquemas de mantenimiento predictivo, capaces de anticipar fallas a partir de datos en tiempo real como vibraciones, presión y temperatura. Incluso se incorporan herramientas digitales como gemelos digitales, que permiten simular escenarios y optimizar decisiones operativas antes de que ocurran en terreno.

2026: el año clave

La hoja de ruta es clara. El sistema de desalación y transporte de agua entrará en operación en 2026, marcando un antes y un después para Collahuasi y para la minería en Tarapacá.

No es casualidad que C20+ haya sido seleccionado como caso de estudio para el Congreso ACADES 2026. El proyecto sintetiza una tendencia que ya no admite vuelta atrás: la desalación y el reúso dejaron de ser soluciones accesorias y pasaron a convertirse en infraestructura crítica, tan relevante como una planta concentradora o una línea eléctrica.

Más que un proyecto, una señal

C20+ no solo mueve agua. Mueve el estándar. En un país donde la licencia social, la sostenibilidad y la continuidad operacional están cada vez más entrelazadas, el mensaje es contundente: el cobre del futuro se producirá con ingeniería, tecnología y mar, no a costa de los escasos recursos hídricos del interior.

Desde Patache hasta la alta cordillera, el agua avanza. Y con ella, la apuesta de Collahuasi por seguir produciendo cobre en uno de los territorios más secos del planeta, sin secar lo poco que queda.

Belén Pavez G., Periodista y Locutora. Licenciada en Comunicación Social. Productora general y Directora de prensa en Vilas Radio. Música y Cat lover.

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