
Arica, una ciudad que mira al Pacífico con esperanza, ha visto cómo su aire se torna denso, gris y peligroso. No por la neblina marina, sino por el humo persistente que brota del corazón mismo de su gestión de residuos: el vertedero municipal. Un impacto sanitario y ambiental que nadie puede ignorar.
Durante todo el año 2025, el Servicio Nacional de Prevención y Respuesta ante Desastres (SENAPRED), registró 180 episodios de quemas sin control en el vertedero de Arica, una cifra que pone en evidencia una crisis de difícil solución y consecuencias que ya se sienten en la vida diaria de miles de habitantes.
Humo eterno y alarmas sanitarias
El vertedero, concebido para gestionar los residuos sólidos de la ciudad, se ha transformado en un foco permanente de incendios que brotan sin aviso, elevando columnas de humo tóxico hacia barrios enteros. Vecinos de sectores cercanos al recinto denuncian que las nubes de humo invaden sus casas, irritan sus ojos, asfixian sus mañanas y agravan enfermedades respiratorias crónicas.
La Seremi de Salud de Arica y Parinacota ha realizado inspecciones constantes al vertedero y sus alrededores ante esta “contingencia de quemas y humos”. Las fiscalizaciones forman parte de un programa habitual de control sanitario, pero hoy se han transformado en un eje urgente para resguardar la salud pública.
La autoridad sanitaria regional, Marta Saavedra, ha sido enfática: Arica no cuenta con un relleno sanitario autorizado, lo que complica aún más el manejo adecuado de los residuos y contribuye directamente a la proliferación de quemas incontroladas.
Un basural más que un vertedero
La alcaldía reconoce que la situación se ha desbordado. En múltiples comunicaciones, el municipio ha admitido que las condiciones del vertedero están lejos de las estándares sanitarios y ambientales necesarias. La falta de un sistema adecuado para la disposición final de los residuos —junto con la ausencia de estructuras técnicas idóneas— ha dejado al vertedero funcionando, para muchos, como un simple basural a cielo abierto.
Pese a los esfuerzos de funcionarios de Aseo y Ornato para reforzar la vigilancia y los accesos al recinto, las quemas persisten y, en muchos casos, se agravan con actividades humanas al interior del lugar.
Incendios provocados y extracción de metales
Uno de los factores que más ha alarmado a expertos y autoridades es la participación de terceros al interior del vertedero. Investigaciones y reportes municipales apuntan a que personas que ingresan de forma irregular para recuperar metales —como cobre, aluminio y fierro— estarían provocando incendios para facilitar la extracción.
Estos hechos no solo agravan la crisis sanitaria, sino que advierten sobre un fenómeno de delincuencia ambiental que se ha instalado en un espacio que debería ser controlado y seguro.
Barrio asfixiado
Para los residentes de sectores como Los Industriales, Cerro Chuño y otros barrios cercanos, la crisis no es solo estadística. Es respirable. Las denuncias ciudadanas sobre nubes de humo diarias y constantes afecciones en la salud han movilizado incluso al senador José Miguel Durana, quien ha destacado las quejas de vecinos y el impacto directo en la calidad de vida de sus familias.
Salud bajo amenaza
Las consecuencias sanitarias son alarmantes: irritaciones oculares, problemas respiratorios y la exacerbación de patologías crónicas se han vuelto parte de la rutina en hogares donde antes solo existía el aroma salino de la costa. La Seremi de Salud continúa monitorizando la situación y llama a la ciudadanía a reportar síntomas severos y a extremar las precauciones, especialmente en niños, adultos mayores y personas con enfermedades respiratorias preexistentes.
¿Qué se viene?
Mientras la ciudad intenta gestionar una crisis que parece no tener fin, la presión social y sanitaria aumenta. Organizaciones comunitarias exigen respuestas claras y soluciones estructurales para evitar que la contaminación por humo siga siendo parte del paisaje urbano de Arica.
La revelación de 180 quemas en un solo año no es solo un número impactante: es un llamado de alerta sobre un sistema de manejo de residuos que —en su corazón— está fallando. Sin un plan integral, recursos adecuados y controles eficaces, el humo persistirá, y con él, el impacto en la salud y el bienestar de toda una comunidad.







