
Este 21 de enero, Esteban Poblete Cahuas habría celebrado 9 años de vida. Sin embargo, su familia conmemora esta fecha entre flores, recuerdos y un vacío que el tiempo no logra llenar. A dos años y ocho meses de su partida en la Interclínica de Tarapacá, su madre comparte un relato de amor eterno y la incansable lucha por una justicia que aún parece esquiva.
Para la mayoría, el 21 de enero es un día de verano cualquiera; para una madre en Iquique, es la fecha en que el mundo se detuvo y, a la vez, el día en que nació el «amor de su vida». Esteban, cariñosamente llamado «Chirulito«, cumpliría hoy 9 años, y aunque su presencia física fue arrebatada, su recuerdo se ha transformado en un motor de resistencia y fe.
Un cumpleaños entre dos mundos
«Se que seguirías siendo el mismo bebé de mamá», escribe su madre en una carta que desborda emoción. A pesar de los 2 años y 8 meses sin sentir su calor, ella asegura que la conexión entre ambos trasciende cualquier barrera física. Para su familia, Esteban no es solo un recuerdo, sino un «ser de luz» que sigue irradiando energía a quienes lo conocieron y amaron con sinceridad.
El festejo de hoy no tiene globos ni risas infantiles en el living de la casa, sino una profunda reflexión sobre lo que significa amar más allá de la muerte. «Eres amor, eres paz», expresa su madre, describiendo a su hijo como un alma que solo conoce la bondad.
La herida abierta de la Interclínica
Sin embargo, el dolor de la ausencia se mezcla con la amargura de aquel «último adiós» en la Interclínica Tarapacá, un lugar que la familia desearía no haber pisado nunca. El relato es crudo: el dolor de respirar, la opresión en el pecho y la dificultad de realizar actos tan cotidianos como dormir o comer cuando falta una parte del alma.
«Qué ganas de detener el reloj del mundo para dejar un poco de fuerzas», confiesa la madre, quien describe este proceso como un «infierno» del que nadie está libre, pero donde también han aparecido personas buenas que han ofrecido su hombro sin que se les pida.
Justicia para «Chirulito»
El foco de este cumpleaños no es solo la nostalgia, sino también la denuncia. En su mensaje, la familia de Esteban apunta directamente a quienes consideran responsables de su partida, tildándolos de «seres sin corazón ni alma» que continúan con sus vidas normales tras haber destruido a una familia entera.
La historia de Esteban se suma a la de muchos niños cuyos nombres se han convertido en banderas de lucha en la región. Para su madre, la vida es «prestada» y todos somos «polvo de estrellas», pero mientras llega el día del reencuentro definitivo, la consigna sigue siendo una sola y resuena con fuerza en este noveno cumpleaños: Justicia para Esteban Poblete Cahuas.







