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LA TERCERA PLACA PATENTE: CUANDO UNA CALCOMANÍA TRANSFORMA LA SEGURIDAD VIAL EN CHILE

Disponible ya en decenas de comunas del país, la tercera placa patente acompaña a la matrícula tradicional y permite a autoridades y ciudadanos acceder a información oficial del vehículo mediante un simple escaneo desde un teléfono móvil.

Hace apenas unos años, pocos imaginaban que una simple etiqueta adherida al parabrisas podría convertirse en una pieza clave de la seguridad vial y la verificación ciudadana de vehículos. Sin embargo, la tercera placa patente —también llamada “tercera patente”— ha surgido como una respuesta tecnológica a un problema persistente: fraudes y falsificaciones de documentos vehiculares y permisos de circulación que han costado miles de millones al país y dificultado la fiscalización de Carabineros, municipalidades y la propia ciudadanía.

La historia de esta medida no es una anécdota menor en el ecosistema automotriz chileno. Es una respuesta institucional a la creciente sofisticación del delito, al auge de fraudes en el mercado de autos usados y a la necesidad de repensar cómo se comprueba la autenticidad de un vehículo en plena era digital. En su evolución, la tercera placa ha pasado de ser una iniciativa piloto a una herramienta de uso cada vez más extendido en todo el país.

Una “huella digital” contra delitos antiguos

La tercera placa patente no reemplaza la matrícula tradicional —esa placa patente metálica con cuatro letras y dos números que distingue a cada vehículo desde 2007 en adelante— sino que la acompaña, invisible desde el exterior pero poderosa desde el interior del parabrisas.

Se trata de un sticker adhesivo con un código QR y una “huella digital” única, implantado por la Casa de Moneda de Chile desde 2020, que permite acceder de forma inmediata y segura a la información pública de un automóvil: número de patente, marca, modelo, año, municipalidad de emisión, estado del permiso de circulación, revisión técnica, certificado de gases y SOAP, entre otros datos.

Ese pequeño código sustituye, con tecnología digital, lo que antes era un proceso más lento y fragmentado: consultar bases de datos dispares, esperar respuestas de múltiples entidades o depender de procedimientos que podían ser manipulados. Hoy, con un celular y un simple escaneo, cualquier ciudadano puede verificar rápidamente si un auto tiene todos sus papeles al día.

Más que una curiosidad: una herramienta ciudadana

Inicialmente disponible de manera muy limitada, la tercera placa ha ido creciendo en cobertura. Para 2026, ya se ofrece en 25 comunas de Chile, incorporada por más de 1,5 millones de conductores que han reconocido sus beneficios al renovar o adquirir el permiso de circulación.

Municipios desde Algarrobo hasta Río Bueno, pasando por Estación Central, Lota, Tierra Amarilla y Zapallar han sumado esta alternativa, facilitando su obtención al pagar o renovar el permiso de circulación. En algunos casos, como Estación Central, incluso se puede solicitar de forma online y recibirla por correo.

Pero la tercera placa no solo busca simplificar trámites burocráticos. Su verdadero valor radica en combatir la falsificación de permisos y reducir la clonación de vehículos, un problema que, según estimaciones de la Asociación de Municipalidades de Chile, representa una pérdida de más de 24.000 millones de pesos al año para el país.

Ciudadanos como fiscalizadores

En su diseño hay una decisión audaz: poner parte del poder de verificación en manos del propio ciudadano. Ya no solo Carabineros o inspectores municipales pueden corroborar la información de un auto; cualquier persona con un teléfono puede verificar si un vehículo tiene sus documentos al día o si hay irregularidades evidentes.

Eso ha sido un cambio de paradigma para quienes compran o venden autos usados, que en algunos casos desconfiaban incluso de certificados oficiales. Hoy, un escaneo permite confirmar datos en tiempo real, reduciendo así el riesgo de caer en fraudes.

Tecnología y seguridad vial: un matrimonio necesario

La tercera placa patente convive con otras políticas que han buscado reforzar la seguridad de los vehículos en Chile. Por ejemplo, la nueva ley que obliga a grabar en varios vidrios y espejos del automóvil los caracteres de la patente busca prevenir el robo y la reventa de autos y piezas robadas.

En este sentido, la tercera placa —aunque no es obligatoria de forma generalizada— se inserta en una ecosistema regulatorio que combina medidas físicas, tecnológicas y comunitarias para enfrentar problemas íntimamente ligados: robos, falsificaciones, clonaciones y precariedad en la información vehicular.

¿Qué futuro tiene esta innovación?

Para muchos, la tercera placa patente representa solo el primer paso de una transformación mayor: integrar tecnologías digitales en el corazón de los procesos que antes eran completamente analógicos, fragmentados y vulnerables. Con más municipios sumándose cada año y nuevas funcionalidades tecnológicas en desarrollo, no es impensado que esta herramienta se convierta en un estándar nacional en el corto plazo.

Más allá de una simple calcomanía adherida al parabrisas, la tercera placa patente simboliza un cambio profundo: el tránsito hacia una ciudadanía más empoderada, una fiscalización más eficaz y un sistema de seguridad vehicular más transparente. Un cambio que, sin estruendo mediático, está redefiniendo la forma en que los chilenos interactúan con sus vehículos —y con la ley— todos los días.

Belén Pavez G., Periodista y Locutora. Licenciada en Comunicación Social. Productora general y Directora de prensa en Vilas Radio. Música y Cat lover.

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