
Tras una reunión clave en Santiago, Chile y Bolivia reactivan una histórica alianza energética con el proyecto Reversa Ossa II Arica–Charaña, una iniciativa que promete reducir hasta en un 35% los costos de importación de combustibles bolivianos mediante el uso inverso del oleoducto Sica Sica–Arica, marcando un giro estratégico en la integración bilateral.
Santiago de Chile —en la fría mañana del 15 de enero de 2026— el rumor se volvió casi realidad: Bolivia y Chile no solo hablaron de un proyecto, sino de un pacto estratégico que podría reescribir los mapas logísticos de hidrocarburos en Sudamérica.
En un encuentro diplomático cargado de simbolismo y presión económica, los cancilleres Fernando Aramayo de Bolivia y Alberto van Klaveren de Chile pusieron sobre la mesa algo más que palabras: el proyecto Reversa Ossa II Arica–Charaña, una iniciativa que promete reducir drásticamente los costos de importación de combustibles para Bolivia, aprovechando infraestructura existente en el norte chileno y dándole nueva vida al oleoducto histórico entre Sica Sica y Arica.
Lo que parecía un tema técnico de explotación petrolera se transformó en un tema geopolítico: una alianza pragmática que apunta a ahorrar hasta un 35 % en costos logísticos actuales, y a consolidar una asociación energética que hace años parecía imposible entre ambas naciones.
Un oleoducto viejo, un nuevo destino
El corazón del proyecto es el oleoducto Sica Sica–Arica, conocido también como OSSA-2, originalmente diseñado para transportar hidrocarburos desde Bolivia hacia el puerto chileno de Arica. La idea central del plan Reversa Ossa II es invertir el flujo tradicional: en lugar de exportar petróleo boliviano hacia el exterior, se usaría esa misma infraestructura para importar gasolina y diésel directamente desde Chile hasta Bolivia, reduciendo costos y tiempos de tránsito.
El propio Aramayo, en la reunión en Santiago, destacó que la implementación de este sistema de ductos desde Arica hasta la región de Santa Cruz “generará un ahorro de aproximadamente 35 % en los costos logísticos actuales”, una cifra que es suficiente para poner nerviosos a mercados enteros.
Este proyecto no surge de un papel en blanco: ya existe un avance concreto en la habilitación de la ingeniería básica del tramo Reversa OSSA-2, con parte de los estudios técnicos y contratos adjudicados en etapas previas, lo que indica que no es un sueño lejano, sino una pipeline con fecha de construcción y cifras de capacidad operacional.
Del diálogo a la acción: una relación cada vez más pragmática
La reunión no fue meramente simbólica. Además de Reversa Ossa II, los cancilleres firmaron un Memorándum de Entendimiento que consolida varios frentes bilaterales, desde turismo hasta conectividad aérea. Por ejemplo, se acordó avanzar en la apertura de los cielos con una posible quinta libertad del aire, un paso gigantesco para facilitar el comercio y el flujo de personas entre Santiago, La Paz y otras capitales regionales.
Además, se abordaron temas correlacionados como la devolución del terreno denominado El Lastre en Arica, un predio estratégico para la operación logística del oleoducto, y la reactivación de la Mesa Binacional de Recursos Hídricos Compartidos, un hito técnico que podría robustecer la cooperación en un área crítica para ambas naciones.
¿Por qué es tan importante Reversa Ossa II?
Para Bolivia, país mediterráneo sin acceso al mar, el costo de importar combustibles ha sido históricamente una pesada losa financiera. La dependencia de rutas terrestres y marítimas indirectas hace que cada litro de gasolina o diésel tenga un precio inflado por tarifas de transporte, demoras logísticas y complicaciones aduaneras.
Con Reversa Ossa II, ese panorama puede cambiar radicalmente:
- Reducción de costos logísticos de hasta 35 %, según cifras preliminares de autoridades bolivianas.
- Incremento de capacidad de almacenaje en terminales de Arica para abastecer la demanda interna boliviana.
- Uso estratégico de infraestructura existente, en lugar de construir nuevas redes desde cero.
Este esquema, además, podría establecer un corredor energético competitivo frente a rutas que hoy operan desde Argentina, Paraguay o Brasil, donde los costos de logística son mucho más altos y susceptible a demoras climáticas o políticas.
Un oleoducto con historia y futuro
La historia de este ducto es larga. Chile renovó en 2023 la concesión marítima del oleoducto Sica Sica–Arica (OSSA II) por 20 años a YPFB, la petrolera estatal boliviana, a través del Decreto Supremo 250, lo que otorgó certidumbre legal a su gestión operacional.
La terminal marítima de Sica Sica, con múltiples tanques de almacenamiento, ha sido clave para las exportaciones e importaciones de hidrocarburos, y sigue siendo un nodo crucial en cualquier plan de integración energética binacional.
¿Qué sigue para Reversa Ossa II?
A pesar del entusiasmo, expertos advierten que queda mucho por hacer antes de que los primeros flujos de combustible en reversa lleguen a Bolivia:
- Completar estudios técnicos detallados y permisos ambientales.
- Coordinar mecanismos financieros y regulatorios entre ambos países.
- Establecer corredores logísticos eficientes más allá del oleoducto (incluyendo conectividad terrestre y ferroviaria si se considera a futuro).
- Aprobar marcos normativos que permitan la operación estable del sistema.
Pero la percepción general entre diplomáticos y técnicos que siguen la agenda es clara: lo que antes se discutía como idea hoy se perfila como proyecto con potencial de ejecución en los próximos años.
Más allá del combustible: integración y cooperación
Aunque el foco mediático esté puesto en el ahorro de costos y la logística, el proyecto Reversa Ossa II se inserta en un contexto más amplio de cooperación y acercamiento entre Bolivia y Chile que va más allá de la energía:
- Impulso de turismo binacional.
- Conectividad aérea ampliada.
- Gestión conjunta de recursos hídricos compartidos.
- Reactivación de mecanismos técnicos en fronteras.
Este conglomerado de iniciativas refleja una nueva etapa diplomática que va más allá de los intereses estrictamente económicos, tocando temas que impactan directamente la vida de millones de ciudadanos en la región.
El pulso de una nueva era energética entre Chile y Bolivia
Lo que se discutió en Santiago esta semana no fue sólo un proyecto de infraestructura: fue un mensaje político y económico contundente.
En un escenario donde los combustibles son estratégicos, costosos y vitales para el funcionamiento de economías enteras, el proyecto Reversa Ossa II podría significar un antes y un después para Bolivia, abriendo una vía de abastecimiento más barata, eficiente y estrechamente vinculada a su vecino del Pacífico.
Si se concreta, este ducto reversible no sólo transportará hidrocarburos, sino también nuevas dinámicas de cooperación regional, quizás incubando una nueva forma de mirar juntos el futuro energético del Cono Sur.







