
Durante 2025, trece familias de Arica y Parinacota se incorporaron al programa de acogimiento familiar, permitiendo que niños y niñas que no podían permanecer con su familia de origen accedieran a un hogar transitorio, aunque el desafío sigue vigente ante la existencia de menores aún institucionalizados.
Hay decisiones que no hacen ruido, pero cambian destinos. No salen en titulares rimbombantes ni se miden en grandes cifras, pero tienen el poder de alterar una vida entera. En Arica y Parinacota, durante 2025, trece familias dieron ese paso silencioso y profundo: abrieron su casa para recibir temporalmente a niños y niñas que no podían seguir viviendo con su familia de origen.
No fue un gesto simbólico. Fue un acto concreto de protección, cuidado y presencia. Y aunque el balance es alentador, la urgencia persiste: todavía hay niños y niñas creciendo en residencias, esperando algo tan básico y tan complejo a la vez como un hogar.
MÁS QUE UN NÚMERO: TRECE HISTORIAS QUE CAMBIARON RUTINAS Y FUTUROS
Las trece familias que se sumaron al programa de acogimiento familiar durante 2025 no aparecen juntas en una fotografía oficial, pero comparten algo esencial: la disposición a acompañar a un niño o niña en uno de los momentos más frágiles de su vida.
Cada una reorganizó horarios, rutinas y afectos para convertirse, por un tiempo, en un espacio seguro. No se trata de adopción ni de promesas eternas, sino de sostener mientras se repara, de cuidar mientras la justicia y las instituciones resuelven.
INFORMAR PARA CONVOCAR: EL TRABAJO DETRÁS DEL AVANCE
El aumento de familias no fue casual. Detrás hubo meses de trabajo territorial:
🟠 actividades comunitarias
🟠 encuentros familiares
🟠 charlas abiertas
🟠 presencia en medios locales
🟠 conversaciones cara a cara para derribar miedos y mitos
La estrategia fue clara: hacer visible que acoger es posible, que no se hace en soledad y que existe un sistema de acompañamiento profesional durante todo el proceso.
UNA DEUDA QUE SIGUE ABIERTA
Desde el Servicio Nacional de Protección Especializada a la Niñez y Adolescencia, el mensaje es directo. Su director regional, Gustavo Marín, ha insistido en que el país —y la región— mantienen una deuda con la niñez que ha sufrido vulneraciones, recordando que el acogimiento familiar no es una opción secundaria, sino una alternativa prioritaria frente a la institucionalización prolongada.
El objetivo es claro: reducir el tiempo que niños y niñas pasan en residencias, apostando por entornos familiares que favorezcan el apego, la estabilidad emocional y el desarrollo cotidiano.
ACOMPAÑAR SIN IMPROVISAR
En Arica y Parinacota, el programa se ejecuta junto a FAE AMIGÓ, organismo dependiente de la congregación Terciarios Capuchinos, que aporta equipos técnicos especializados y acompañamiento constante.
Psicólogos, trabajadores sociales y profesionales del área brindan apoyo permanente a las familias, guiándolas en cada etapa del proceso. El acogimiento no es un salto al vacío: es un camino acompañado, con orientación y contención.
CUANDO ACOGER TAMBIÉN TRANSFORMA
Quienes han participado coinciden en algo: el impacto no es solo para el niño o niña acogido. Las familias hablan de cambios profundos, aprendizajes inesperados y vínculos que dejan huella, incluso cuando el acogimiento termina.
Es una experiencia que interpela, que incomoda certezas y que amplía la mirada sobre la infancia, el cuidado y la responsabilidad colectiva.
EL DESAFÍO SIGUE VIGENTE
Trece familias son un avance. Pero no bastan.
La demanda supera con creces la oferta, y el desafío para 2026 es claro: sumar más hogares, ampliar la conversación comunitaria y seguir rompiendo prejuicios.
El mensaje es simple, pero poderoso:
👉 No se necesita perfección
👉 No se exige experiencia previa
👉 Sí se requiere compromiso, tiempo y voluntad
Con respaldo institucional y acompañamiento profesional, acoger es posible.
UNA LUZ EN EL TRÁNSITO DE LA INFANCIA
El acogimiento familiar no promete finales definitivos. No borra el dolor ni resuelve todos los problemas. Pero ofrece algo invaluable: un espacio de cuidado mientras se busca una solución duradera.
Como una linterna en medio de un camino incierto, ilumina lo suficiente para avanzar sin caer. Y en ese trayecto, a veces, basta con abrir una puerta para cambiarlo todo.







