
“Este es un dolor que no se olvida nunca”. Así comienza el testimonio de Max Schnitzer, abuelo de Jacinta González, una bebé de cinco meses cuya muerte en un siniestro vial marcó para siempre a su familia y terminó impulsando una de las transformaciones más relevantes en materia de seguridad vial y protección de víctimas en Chile.

En entrevista con el matinal Todos Juntos de Vilas Radio, Schnitzer relató cómo el duelo se convirtió en una responsabilidad moral. “Sabíamos que si no hacíamos algo, esto iba a volver a pasar”, señaló, recordando el domingo 28 de agosto de 2022, cuando Jacinta falleció tras ser atropellada mientras paseaba con sus padres. El vehículo involucrado era conducido por un adulto mayor que padecía una enfermedad grave y perdió el control del automóvil.
“EL DAÑO ES IRREPARABLE, EL VALOR DE UNA VIDA ES INFINITO”
Recordar ese día sigue siendo doloroso. Schnitzer reconoció que iniciar un proyecto de ley significó revivir una y otra vez el momento más difícil de su vida. “Lo más fácil era dar vuelta la página, pero entendimos que el daño que se produce cuando se pierde a un hijo es tan grande, que no queríamos que otras familias pasaran por lo mismo”, explicó.

Fue así como, sin contactos previos ni redes políticas, la familia decidió tocar puertas en el Congreso. “Nos acercamos con respeto, explicando por qué las exigencias médicas para conducir eran demasiado laxas”, señaló. La estrategia fue clara: humanizar la ley, poner rostro a las cifras y explicar que detrás de cada accidente hay historias que cambian para siempre.
UNA LEY QUE PROTEGE MÁS ALLÁ DEL VOLANTE
La Ley Jacinta, aprobada por unanimidad en la Cámara de Diputadas y Diputados y con amplio respaldo en el Senado, establece nuevas exigencias de salud física y cognitiva para quienes obtengan o renueven licencias de conducir, mediante declaraciones juradas y certificados médicos obligatorios. Además, incorpora medidas para asegurar indemnizaciones a las víctimas y evitar que imputados se desprendan de bienes antes de enfrentar un juicio.

Pero la normativa también amplía su mirada hacia lo humano y lo social. Incluye un fuero laboral de 30 días para padres y madres que enfrenten la pérdida de un hijo, reconoce el impacto del duelo y refuerza la protección de niños y niñas, especialmente en el transporte en motocicletas. “No se trata de que la gente no maneje, se trata de tener conductores más seguros”, enfatizó Schnitzer.
El proyecto, despachado por el Congreso en diciembre de 2025, quedó a la espera de su promulgación y publicación, pasos que permitirán su entrada en vigencia durante 2026, tras la elaboración de los reglamentos correspondientes.
Hoy, la ausencia de Jacinta sigue presente. “El dolor va a estar para siempre. Lo que hay que aprender es a vivir con él”, concluyó su abuelo. Sin embargo, en cada artículo de la ley que lleva su nombre queda reflejado un propósito claro: transformar una tragedia en una herramienta concreta para salvar vidas, y recordar que la seguridad vial también se construye desde la empatía, la responsabilidad y la memoria.
Para escuchar la entrevista completa, puedes revisar el siguiente enlace:







