MADURO SE AUTOCONCEDE UN “PREMIO DE PAZ” EN PLENA CRISIS VENEZOLANA Y ENFRÍA SU PROPIO ESCENARIO INTERNACIONAL

Nicolás Maduro recibió un nuevo y desconocido galardón denominado “Arquitecto de la Paz” en un acto celebrado en Caracas, en plena crisis económica y bajo acusaciones internacionales de violaciones a los derechos humanos, apenas días después que su principal opositora, María Corina Machado, fuera reconocida con el Premio Nobel de la Paz.
En un giro que muchos analistas internacionales califican de insólito, el presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, se adjudicó un galardón recién surgido, bautizado como “Arquitecto de la Paz”, otorgado por la Sociedad Bolivariana de Venezuela. La ceremonia se realizó en Caracas el 17 de diciembre, en medio de la conmemoración de los 195 años de la muerte de Simón Bolívar, figura icónica de la independencia latinoamericana, y sólo días después que la líder opositora María Corina Machado fuera galardonada con el Premio Nobel de la Paz 2025 por su lucha por los derechos democráticos en su país.
Lo que para algunos podría haber sido una celebración de legado histórico se transformó en una declaración política de gran impacto: Maduro, líder de un régimen profundamente cuestionado por violaciones a los derechos humanos y por acusaciones de autoritarismo, se proclamó constructor de la paz en Venezuela, América Latina y el mundo entero.
Un premio inesperado y un gesto cargado de simbolismo
El título de “Arquitecto de la Paz” no figura en ningún registro internacional de premios con trayectoria ni está inscrito en listas de galardones reconocidos fuera del ámbito bolivariano. Fue entregado por unanimidad por la junta directiva de la Sociedad Bolivariana de Venezuela, que en su correspondencia oficial calificó a Maduro como un “caraqueño ejemplar y luchador”, responsable de “construir y preservar la paz” en la región.
En el acto, celebrado en la sede de la Sociedad, cerca de la casa natal de Bolívar —que simboliza el ideal de libertad en América Latina—, Maduro agradeció la distinción y la vinculó con la defensa de la soberanía nacional frente a amenazas externas. Afirmó que “todo el mal que nos intenta hacer el imperialismo se va convirtiendo en fuerza de lucha”, en una clara referencia al clima de tensiones geopolíticas que ha rodeado a su gobierno durante años.
Este gesto ocurre en un contexto en el que el gobierno chavista enfrenta sanciones internacionales, presiones políticas y una crisis socioeconómica prolongada que ha empujado a millones de venezolanos a emigrar y ha dejado al país sumido en hiperinflación, escasez de productos básicos y deterioro de servicios públicos.
Contraste con el Nobel de María Corina Machado
La creación de este galardón autoadjudicado surge apenas semanas después que la líder opositora María Corina Machado recibiera el Premio Nobel de la Paz 2025 por su trabajo a favor de una transición democrática en Venezuela, distinción que generó amplia repercusión internacional.
Machado, quien se encontraba en Oslo rodeada de respaldo global por su lucha en favor de los derechos humanos, se ha convertido en símbolo de resistencia contra el régimen de Maduro. Su reconocimiento por parte del Comité Nobel estuvo motivado por “su incansable esfuerzo por una transición pacífica hacia la democracia” en un país marcado por décadas de polarización y represión.
El contraste entre ambos reconocimientos —uno internacional con reconocimiento histórico y otro local, surgido de una organización emblema del oficialismo— no ha pasado desapercibido. Opinadores y opositores han señalado que la creación de este premio podría ser un intento de contrarrestar el impacto global del Nobel o de reforzar la narrativa oficialista de un liderazgo consolidado en paz, pese a las múltiples denuncias recibidas por el Ejecutivo venezolano.
Crisis política y aislamiento internacional
La entrega de este galardón también se enmarca en un escenario de creciente aislamiento diplomático. Tras el Nobel a Machado, Venezuela cerró su embajada en Noruega en un gesto interpretado por observadores como un acto de rechazo frontal a la distinción y a las posturas de gobiernos europeos hacia la situación venezolana.
Además, el gobierno chavista ha reaccionado con críticas duras hacia los organismos internacionales y hacia quienes consideran aliados de la oposición venezolana. La entrega de un galardón propio a Maduro ha sido interpretada por analistas como parte de una estrategia política dirigida tanto al público interno como al externo, reforzando una imagen de fortaleza frente a presiones externas.
Estrategas en Caracas han enfatizado que este reconocimiento pretende enviar un mensaje al mundo: afirmar que el régimen mantiene una narrativa de paz, estabilidad y soberanía ante lo que denomina “intervencionismo internacional”, incluso cuando contextos externos —como sanciones, tensiones con Estados Unidos y debates sobre legitimidad electoral— moldean la percepción global sobre Venezuela.
Reacciones dentro y fuera de Venezuela
En el plano interno, partidarios del chavismo celebraron el reconocimiento con discursos que resaltan la supuesta estabilidad alcanzada bajo el gobierno de Maduro y su legado bolivariano. Para ellos, el “Arquitecto de la Paz” es una reafirmación de valores históricos y una respuesta al “ataque mediático internacional” que, aseguran, intenta socavar la soberanía venezolana.
Sin embargo, sectores críticos han calificado el premio como un acto de propaganda política y un intento de desviar la atención de los problemas internos: violaciones de derechos humanos, represión de disidencias y la prolongada crisis económica que el país enfrenta desde hace más de una década.
A nivel internacional, voces diplomáticas y analistas han señalado que este galardón no cambia la percepción de muchos gobiernos y organizaciones sobre Venezuela, que continúan evaluando el legado de Maduro bajo estándares internacionales de derechos y democracia.
Un gesto que divide narrativas
La concesión del premio “Arquitecto de la Paz” a Nicolás Maduro se suma a una serie de eventos políticos que subrayan la división profunda entre las narrativas opuestas sobre el futuro de Venezuela. Para algunos, representa una reafirmación de la visión bolivariana tradicional; para otros, un acto desesperado de propaganda en medio de la pérdida de legitimidad internacional.
Sea como símbolo político, gesto propagandístico o expresión cultural de lealtad partidaria, este premio ha demostrado que en Venezuela hasta la paz puede ser objeto de disputas simbólicas y geopolíticas, y que en un país fracturado, incluso los reconocimientos pueden convertirse en campos de batalla ideológicos.







